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Por Scarleett Lee

Esta vez no lo digo yo, lo dejó plasmado en el artículo: «La oposición cubana:El llamado de Glendower» el periodista Arturo López-Levy, del sitio subversivo Cubaencuentro. Me parecieron interesantes sus reflexiones sobre el por qué del fracaso de los mercenarios en la Isla, amén de las razones que ya conocemos los probadamente revolucionarios. Según su análisis, es fácil convocar un proyecto tras otro -un fracaso tras otro-,como hacen los mercenarios cubanos, especificando en los que se la pasan de gira en gira; el problema es que los convocados nunca acuden. He aquí, sus razones:

1.El discurso de los opositores en gira ha sido más denuncia que anuncio. Han ratificado sus críticas bien sabidas al gobierno cubano pero sin anunciar propuestas viables sobre los problemas medulares del país, como el manejo de la economía, la relación cívico-militar o como piensan participar en el sistema político vigente.

2.Ambigüedad y complicidad de los girantes con respecto al embargo y la inclusión de Cuba en la lista de países terroristas: En lugar de promover una oposición leal, acorde a la cultura nacionalista cubana (…); los opositores en gira han mimetizando su visión a la del exilio tradicional. Han llamado a la dictadura de Batista (Berta Soler) una “tacita de oro”. En el mejor de los casos han moderado su previa oposición al embargo (Yoani Sánchez) y en el peor lo han respaldado (Antúnez y Antonio Rodiles). Ante la inclusión de Cuba en la lista de países terroristas, Sánchez ha dado una respuesta tan poética como poco seria: la Isla debe permanecer allí porque “los Castro no han guardado las pistolas”.

3.Las presentaciones en el exilio de los girantes han sido más propaganda y agitación que modelo de democracia. En lugar de dialogar con los que se oponen a sus posturas, el embargo o la inclusión de Cuba en la lista de países terroristas, los girantes han ignorado las mayorías existentes sobre esos temas en Cuba y la emigración.

4.Los opositores girantes han tenido escaso impacto en Cuba porque sus giras, más allá de lo celebratorio, no han repercutido en la política estadounidense hacia Cuba. Frente a los que defienden el embargo y hasta el uso del terrorismo, los girantes evitan referirse a esas prácticas repudiadas por el pueblo de Cuba. A cambio de ese silencio, Marco Rubio, Ileana Ros-Lehtinen, y Bob Menéndez les han prodigado abrazos.

Si a estas razones, usted le añade que los que no viajan se caracterizan por ser delincuentes y antisociales, no es difícil entender por qué los «convocados» nunca acuden.