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Por Jesús López Martínez -La Joven Cuba-

12049310_870061383043298_8946841050989723304_nSu Santidad Francisco terminó sus reflexiones en la misa que ofició el pasado domingo por la mañana en la Plaza de la Revolución expresando: “quien no vive para servir, no sirve para vivir”. Al escucharlo pensé en la cercanía entre sus ideas y las del Apóstol José Martí quien consideraba que “el hombre debías estar donde era su deber y no donde se vivía mejor”.

¡Cuántas personas están hoy en el mundo sirviendo a los demás! Muchos de ellos son hijos de esta tierra. Recordé en ese momento a los trabajadores de la salud que no titubearon en marchar hacia África a enfrentar el ébola con el riesgo de perder sus vidas o a otros muchos que conozco, que han marchado a lugares inhóspitos a ofrecer sus servicios al débil, al frágil, como pide el Papa. Nuestros trabajadores de la salud tienen prestigio en el mundo por su nivel científico, pero mayor es el reconocimiento a su humanidad, a su entrega hacia los pacientes, a no concebir la salud como un negocio. No podemos olvidar que son herederos de aquellos 3000 médicos que se quedaron junto a su pueblo cuando una cantidad similar abandonaron a quienes debían servir, por ir junto a los poderosos, al lado de los que más tenían.

Al escuchar a Francisco decir: “…cuando los bienes te entran a conducir la vida, ya no sos como Jesús” y un poco después cuando expresó: “por apegarse a la mundanidad rica terminan mediocres y sin amor porque la riqueza les quita el amor”, vinieron a mi mente muchas personas que pudieran ganar en otros lares 50 o 70 veces más que lo que ganan junto a su pueblo y no los vence la mediocridad, y el amor los hace sentirse felices porque se consideran necesarios o deudores de los que un día prefirieron sacrificarse para que ellos pudieron alcanzar los conocimientos que poseen.

Es difícil que a alguna persona no la hayan conmovido las palabras de la joven monja que presta sus servicios en el hogar de impedidos La Edad de Oro y que brindó sus testimonios al Papa en la catedral habanera. Escuchándole corroboré lo que pensé cuando Francisco humildemente saludaba en la Plaza de la Revolución a los enfermos y discapacitados: Es lastimosa la situación de esas personas, pero estoy seguro que a ninguna le ha faltado un médico o un maestro para atenderla o desarrollarla hasta el máximo de las posibilidades que permita la naturaleza. Miles de religiosos y no religiosos dedican sus vidas a atender al frágil, al débil en los hogares similares a La Edad de Oro que existen en todas las provincias, a trabajar con niños con necesidades educativas especiales en las cientos de escuelas existentes por toda nuestra geografía, en los hogares de ancianos y casi todos lo hacen por la vocación de servir.

¡Con qué tristeza el Papa se refiere a las guerras y a “la cultura del descarte”! “En este imperio del dinero se descartan a las personas”, dijo. “Se descartan a los ancianos porque ya no producen, en muchos países de Europa los jóvenes forman parte de la cultura del descarte, pues cerca de la mitad no tienen trabajo”, sentenció el sumo Pontífice.

Recordemos que Fidel nos ha dicho en muchas ocasiones que un sistema donde las personas sobran, no sirve. Incluso, dijo Fidel que el sistema de distribución con arreglo al trabajo que preconiza el socialismo, no era totalmente justo, porque las personas que no pueden trabajar tienen que recibir de los que pueden hacerlo.

Al terminar la tarde una de mis vecinas me pregunto: Si Ud. no es religioso, ¿por qué se ha pasado todo el día viendo al Papa?

Le contesté que difiero de los religiosos en la concepción del mundo, pues creo que la ciencia nos ha dado muchos elementos que me hacen dudar de la divinidad, pero me he educado y he vivido en un país que ha tratado de desarrollar en las personas la solidaridad, el amor al prójimo, la cultura del “ser” sobre la del “tener”. Claro, como dijo el Papa, “luchar para encontrar la esperanza no es un camino fácil y lleva sacrificio”. En eso tenemos mucho en común.

Tampoco soy muy dado a poner la otra mejilla cuando me abofetean, por eso agradezco el mensaje que nos dejó Francisco, inculcándonos la necesidad del perdón y su reclamo a construir la amistad social.

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