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panter-periodismo-de-barrioPor Luis Ernesto Ruiz Martínez. /Visión desde Cuba

A juzgar por lo que hemos leído recientemente, parece que parte de la “solución mágica” para los problemas del periodismo en Cuba han sido embalados en Alemania. Mucho se ha escrito en estos últimos días sobre Periodismo de Barrio, una propuesta que por solo venir de la mano de la cubana Elaine Díaz (y varios de sus incondicionales seguidores), es para mí un arma de doble filo.

Debo reconocer, para ser verdaderamente justo, que se trata de una reconocida profesional pero no creo que sus deseos inmediatos (ni lejanos, me atrevería a especular) sean las de una Cuba socialista y próspera, sino lo más alejada posible de eso. Y pudiera entender que así fuera, pero como para mí el capitalismo y su neoliberalismo acompañante no son ni remotamente una alternativa, me declaro contrario a ese proyecto.

Advierto que mi posición nada tiene que ver con el “dime que te diré” con el que se ha intentado descalificar el texto de Justo Cruz en el que denuncia los sospechosos vínculos de Periodismo de Barrio y el Taller de Alemania con algunas ONG, organizaciones de bien conocida posición contra Cuba y con la agria historia de Reporteros Sin Fronteras, de quien es conocida su “buena voluntad” de financiamiento y que hasta la CIA puso a sus “cabezones” a elaborar un plan para ponerla en “su nómina”. Pueden visitar su cuenta en Facebook y verán su arremetida contra el artículo de Justo e Iroel Sánchez cuando se le ocurrió reproducirlo en su blog.

Me solidarizo con los alertas del colega Rafael Cruz que evidentemente tampoco quiere recetas en alemán. Como lo que me importa es la parte cubana del proyecto (a estas alturas no creo que alguien dude que tiene detrás todo un ejército de asesores, financistas y ordenadores – “léase los que mandan”, aunque sus gestores siguen empeñados en anunciar que “Periodismo de Barrio NO recibe dinero […] de ninguna fundación de otro país”) he buscado alguna pista que me indique utilidad para la realidad de esta isla y créanme que no encuentro nada.

La evolución posterior de los debates sobre este tema deja bien claro que no estábamos equivocados en las alertas sobre la financiación y verdaderas intenciones del proyecto Periodismo de Barrio. En Cuba no necesitamos que nos vengan a decir (y menos en otros idiomas) cómo debemos reflejar nuestra realidad. Es verdad, no creo que alguien se decida a negarlo, que hemos tenido muchas amargas experiencias a la hora de acercar la prensa al barrio, pero de ahí a “venderle el alma al diablo” para sacar un proyecto como este, va un gran trecho.

Lo cierto es que esto se ha puesto muy bueno, sobre todo para los que desde un principio vimos en Periodismo de barrio una “variante novedosa” de atacar a Cuba y en Elaine Díaz, la apuesta por una nueva líder de opinión que borrara la desfachatada imagen de Yoani Sánchez. Al final, como tantas veces, les ha salido el tiro por la culata. Otros, en cambio, andan como los perros con la “cola entre las patas” y con boca y dedos bien guardados.

La mano que alimenta al engendro ha salido a flote. Hay tanta información que tiene mareados a unos cuantos. Desde el bando de Elaine y compañía (al que metieron a unos cuantos engañados pensando que en Alemania realmente se les ofrecería un Taller provechoso y al final se han dado cuenta que la realidad andaba al estilo de Zunzuneo), hasta algunos por acá dentro que fueron hipnotizados por las habilidades comunicativas de la “ex-profesora” de la Universidad de La Habana, como ahora presentan a la autora del proyecto.

La lección que nos debe quedar, al menos los que creemos en la prensa cubana y la criticamos como amantes incondicionales, es la de seguir cumpliendo con el reclamo popular de que la gente común de nuestros campos y ciudades tenga en los medios el espacio que se merece. Tenemos muchos y buenos ejemplos, solo que algunos prefieren no verlos y sobre todo tergiversarlos.

Aquí retomo una alerta de Rafael Cruz en su citado artículo Periodismo de barrio en alemán: “los actores sociales en este nuevo escenario no pueden encajarse en molde maniqueo de buenos o malos (…) Las ONGs –que son realmente OGs- intentarán cubrir los espacios que dejemos abiertos”,

Hoy leí con mucha satisfacción un artículo de Malena Almarales en Radio Angulo donde el protagonista es un barrendero holguinero y supe, gracias al amigo Emilio Rodríguez, que en Mayarí cada vez son más frecuentes los artículos donde los protagonistas andan todo el día haciendo lo que les toca. Me contaba que en ese municipio del este holguinero tienen un fuerte movimiento de corresponsales integrado por personas que viven allí mismo donde se mueven las historias de la gente y donde muchas veces por las dificultades logísticas claras no llegamos todos los días.

Este es el tipo de labor que necesitamos en toda Cuba. Nos hace falta un periodismo comunitario que ponga en tinta, audio y video la realidad de cada rincón de la isla. No solo los indiscutibles logros de la Revolución y sus protagonistas, sino los errores, meteduras de pata y fracasos porque al final este país tiene todo eso. Nos hace falta que se diga en internet lo bueno y lo malo, lo humano y lo divino, pero que se haga responsablemente y que sobre todas las cosas, suene cubano.

 

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