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Por Lilibeth Alfonso/La Esquina de Lilith

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Cubanos en campamentos de refugiados habilitados en Costa Rica

En Cuba no se les persigue. En Cuba no hay una crisis humanitaria, como en Siria. En Cuba no hay guerra. No son desplazados. Son, sencillamente, emigrantes, gente que quiere vivir mejor y hacerlo en otra parte.

Los que conozco y han hecho ese viaje, incluso, son personas que, por lo general, “vivía bastante bien” en la isla y pudo pagarse los más de 2 mil dólares necesarios -50 mil pesos cubanos- para hacer el viaje hasta Ecuador, y tenía otros más en los bolsillos para emprender el viaje a Los Estados Unidos.

Son, si acaso, emigrantes apurados. Urgidos por “alcanzar” lo que creen serán los últimos días de la Ley de Ajuste Cubano, una política que desde 1966 recibe con brazos abiertos en suelo estadounidense a los cubanos que logran pisar tierra. Política preferencial que divide a la migración de la isla con el resto de la latina.

El apuro es no perder la política de privilegios. Es no llegar después de la fecha en la que ser un emigrante cubano será lo mismo que ser uno mexicano, colombiano o venezolano, con sus largas pesadillas de indocumentados, deportaciones y cacerías humanas.

El suyo –el de los nuestros- es un camino largo. Varios países desde Ecuador hasta Los Estados Unidos, un trayecto que da vida a mucha gente, que se aprovecha para vender, canjear, ganar… “Los cubanos somos alcancías, alcancías humanas”, me dijo cuando logró llegar a Miami un amigo que fue mi colega durante varios años.

Un viaje peligroso que, no obstante, muchos se han tomado a la ligera. Se van con sus hijos de brazos como si fuera más seguro que una balsa en medio del mar. Se van las embarazadas, los ancianos.

Ahora, casi 2 mil están varados en Costa Rica. Nicaragua, la Nicaragua que ha recibido lo mejor de Cuba en los últimos años, les cierra las puertas. Según informaciones sin confirmar, un joven murió accidentado mientras intentaba subirse a un bus y otros dos fueron víctimas de la policía antimotines. Heridos varios.

Son indocumentados y el suyo un tránsito ilegal. Pero uno no deja de sentir en el alma que es una injusticia, una soberana falta de memoria y los nicos una gran nación de malagradecidos, aunque en el fondo la conciencia reconozca que están en su derecho.

Cuba no se ha pronunciado por lo menos públicamente. En la página oficial del Ministerio de Relaciones Exteriores la noticia más reciente es la reunión entre el Secretario de Agricultura de Los Estados Unidos con autoridades de la isla. Va y por los canales establecidos gestiona a favor de sus ciudadanos, pero eso nadie lo sabe, aunque necesitamos, deberíamos saberlo.

De Cuba se van, pero en realidad Cuba no puede cerrarles las puertas. Si lo hiciera, sería una “falta de libertad” y una “violación a los derechos humanos” –términos predilectos por nuestros detractores- , así que no lo hace. Desde hace años, la carta blanca, el permiso de salida, es solo para unos pocos casos.

Pero tampoco lo han hecho Los Estados Unidos. Callan y no deberían. En sus manos, y no en las de Daniel Ortega, está la solución real a la situación de los cubanos varados en Centroamérica. No es solo el sueño americano. Los cubanos que se van lo hacen porque saben que serán bien recibidos más al norte. Eso es la Ley de Ajuste Cubano, una fábrica para construir conflictos y lágrimas.

Ellos generan el problema y ahora se quedan viendo a ver qué pasa. La disidencia cubana, la que vemos en las redes sociales, trata el asunto con efectismo y echa las culpas a Cuba y al gobierno de Nicaragua.

No se les ha ocurrido que su presidente predilecto –el que responde a las llamadas de Yoanys Sánchez- es el mayor responsable de todo este rollo, tanto como lo es de los médicos cubanos varados en Colombia en espera de que se cumplieran las promesas de quienes los empujaron a dejar sus misiones oficiales.

Ninguno se atreve a pedirle al presidente de Los Estados Unidos, al Congreso, o al que sea necesario, una respuesta. “No muerdas la mano que te da de comer”, dice un refrán en el que no puedo dejar de pensar ahora mismo.

Una simple operación de evacuación podría despejar las carreteras de Costa Rica y darles a los migrantes lo que quieren: llegar a Los Estados Unidos. Una firma bien puesta podría acabar con la política que estimula la emigración ilegal hacia esa nación y a una maquinaria dedicada al tráfico de personas con todos sus condimentos espeluznantes, eso y más visas, si es que realmente quieren ser un destino para los cubanos que se decidan a irse de su país natal.

Puedo sonar ingenua, si lo soy o por lo menos lo parezco me declaro culpable: soy hija del humanismo, del país más solidario del mundo, soy hija de un país donde los abuelos viven en las mismas casas de sus nietos- no importan las causas- y donde desde chiquitos nos enseñan a ayudar al prójimo y a irle siempre a Cuba, al cubano, que no abandona a los suyos.

Así que rezo, yo que no soy mucho de rezar, también por los míos, dondequiera que estén.

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