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Por  Nicanor León Cotayo/Cuba Sí

0cbfc5b1fdefb075c523665d2cce7152_LOtra vez el señor Alejandro Armengol lanzó fuertes improperios contra su nación de origen. Lo hizo este domingo desde las páginas del Nuevo Herald bajo el título: “Farsa política en Cuba”.

Incluso afirmó que de tal ejercicio no se salvan ni el gobierno ni sus opositores.

Se atrevió a decir que correspondió a Fidel Castro iniciar esa tendencia, al igual que otras.

La honda frustración y amargura de Armengol le llevaron también a escribir que el desatino siempre fue un factor determinante en la retórica del líder cubano.

Cierto, agregó, que en la isla siempre contó para sus planes con una masa de temerosos y aprovechados que movilizaba a su antojo en concentraciones.

De esta manera, basado en su total carencia de pudor, no tiene a menos repetir la desvencijada fábula de los cubanos obligados bajo amenaza a llenar sus plazas.

Quizás para posar de objetivo a lo dicho colgó el siguiente párrafo:

Al mismo tiempo, en Miami tenía a su favor el apoyo incongruente de “un anticastrismo vulgar”, que desde hacía mucho también se limitaba a repetir viejos esquemas.

Claro, asevera, que el líder revolucionario era —y continúa siendo— una figura mediática de primer orden, cuya repetición de alertas mundiales sobre desastres no se concretaron.

Falso. Basten solo algunos ejemplos para echar esa idea al piso.

Se transformó en el gran fiscal de la deuda externa impuesta a una considerable cantidad de naciones del mundo y la realidad avaló su prédica.

Auguró el colapso de la Unión Soviética, así como que Cuba, a pesar de un golpe de tal envergadura, proseguiría adelante.

Fue el abanderado a la hora de advertir sobre las nefastas consecuencias del cambio climático y la humanidad ya las  padece.

Afirmó enfático, ¡Volverán! los cinco cubanos detenidos y condenados en Estados Unidos por luchar contra el terrorismo. Y volvieron.

Sobre el aluvión de embustes que distribuyen sus medios, Armengol escribió con absoluta frivolidad:

“Caben, para contribuir a mantener viva la industria de la noticia”, y quedan, como consuelo, “los rumores de algunos sobre su muerte”.

¿De algunos? ¿O los de sus cómplices ultraderechistas de origen cubano de Miami que suelen revivir de cuando en cuando?

¿Habrán sido tantos como los cientos de planes de asesinato montados por la CIA contra Fidel Castro, nunca mencionados y mucho menos condenados por el señor Armengol?

Pero, atención, el ilustre columnista del Herald también  dijo una verdad que todos podemos suscribir.

“Llega el momento en que un proceso social y político se agota”.

Solo en ese contexto pueden supervivir criaturas al estilo de Alejandro Armengol.

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