Etiquetas

,

Por Eric Caraballoso Díaz*

images (8)Mucho se habla por estos días en Cuba del consumo cultural; mucho se debate sobre los gustos del público de la isla en materia de audiovisuales y se critica o pondera el tan llevado y traído “paquete de la semana”**. El fenómeno, sin embargo, tiene numerosas aristas y su complejidad lleva a evaluar la situación con racionalidad y perspectiva.

Una postura, sin dudas reduccionista, tiende a culpar al “paquete”, sus programadores y distribuidores, del visible deterioro de las preferencias de los cubanos en materia de cine y televisión. Cierto que esta plataforma, construida de manera alternativa a los medios e instituciones culturales del país, no basa explícitamente su selección en raseros artísticos ni ideológicos. Sin embargo, en su concepción se privilegian tanto los filmes y series más célebres y actuales como materiales de distintas épocas, temáticas y calidades, e incluso se incluyen clásicos del séptimo arte.

Son las personas, al copiar y consumir unas u otros, las que dan mayor relevancia a determinados productos audiovisuales. Entonces, como en la vieja disputa del huevo o la gallina, es necesario desentrañar el origen del asunto.

¿Por qué se ha entronizado un mayoritario gusto por lo banal y lo pirotécnico? ¿Por qué las películas de acción y las telenovelas más melodramáticas priman en la selección de muchos cubanos? ¿Será que ahora estamos recogiendo una semilla sembrada décadas atrás, y alimentada incluso en espacios estelares de la televisión nacional? ¿Cuánta responsabilidad hay fuera de los propios medios de comunicación? ¿Qué papel desempeña en este fenómeno el sistema educativo de la isla?

Como ve, son diversas y peliagudas las preguntas que emergen al indagar en esta problemática. Y las posibles respuestas, junto a las realidades que describen, no pueden verse en blanco y negro. Porque están acompañadas por más interrogantes.

¿Cuánto ha tenido que ver en todo esto el deterioro a lo largo del país del complejo cinematográfico, otrora fortaleza cultural de Cuba? ¿Acaso no hay también incidencia de una modernidad que facilita el acceso masivo a medios audiovisuales en nuestra propia casa? Y, otro de los meollos del asunto, ¿tener determinadas preferencias audiovisuales excluye automáticamente el consumo de otras opciones? ¿Puede pensarse que el ocio y el enriquecimiento cultural están obligatoriamente reñidos? ¿Gustar de telenovelas o filmes de autor nos convierte per se en mejores o peores seres humanos?

Todo hecho sociocultural tiene sus matices, y también su génesis y antídoto. En el caso del gusto, las carencias no se resuelven con imposiciones ni censura, sino con una estrategia inteligente, en la que prime la coherencia y el análisis.

Se impone entonces, por parte de las autoridades e instituciones culturales, y también –por qué no–, por los individuos y otros actores sociales preocupados por el tema, buscar propuestas atractivas, fórmulas que se atemperen a los tiempos actuales, sus dinámicas y preferencias, sin sacrificar el sentido cultural y con la educación como verdadero soporte. De lo contrario, seguirán los debates y las discusiones bizantinas, sin que los presumibles y deseados cambios aparezcan.

*Periodista de la Emisora Radio Siboney.

 **Término con que se conoce popularmente al conjunto de materiales audiovisuales, publicaciones digitales, softwares y otros productos organizado y distribuido informalmente en Cuba por personas al margen de las instituciones y medios de comunicación del Estado.