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Por Odette Elena Ramos Colás/ Sierra Maestra

educador

“Si amas tu trabajo más, a medida que pasa el tiempo; si tus castigos son frutos de amor y no de venganza; si en cada clase tuya tratas de renovarte:  si sabes seguir un método, sin convertirlo en esclavo; si en lugar de enseñar sabes también aprender; si sabes estudiar de nuevo lo que creías saber; si sabes instruir y mejor todavía educar; si tus alumnos anhelan parecerse a ti: entonces tú eres maestro”.

Así Gabriela Mistral, definió a esos seres altruistas, sembradores de valores y sentimientos patrióticos, quienes con profundo sentido humanista forman día a día las nuevas generaciones: modelando espíritus, transformando conciencias, otorgando nuevos saberes, competencias y educación de calidad. Ellos tienen la profesión más importante del mundo: son formadores de futuro.

Para homenajear a los maestros y profesores de todas las instancias y sectores, en nuestro país celebramos cada 22 de diciembre desde 1961 el Día del Educador. Conmemorando igualmente, la culminación exitosa de la Campaña de Alfabetización aquel día y la proclamación de Cuba como “Territorio Libre de Analfabetismo”.

Antes del triunfo revolucionario de enero de 1959, solo la mitad de los niños en edad escolar asistían a las escuelas, por lo que una de las primeras tareas emprendidas por el gobierno cubano fue la creación, en marzo del propio año, de la Comisión Nacional de Alfabetización y Educación Fundamental.

Este día nos recuerda cuando Fidel, en la Plaza de la Revolución, junto a los alfabetizadores, declarara: “Ningún momento es más solemne y emocionante, ningún instante de legítimo orgullo y de gloria, como este en que cuatro siglos y medio de ignorancia han sido derrumbados.

“Hemos ganado una gran batalla, y hay que llamarlo así -batalla-, porque la victoria contra el analfabetismo en nuestro país se ha logrado mediante una gran batalla. Batalla que comenzaron los maestros, que prosiguieron los alfabetizadores populares, y que cobró extraordinario y decisivo impulso cuando nuestras masas juveniles, integradas en el ejército de alfabetización “Conrado Benítez”, se incorporaron a esa lucha.”

Hoy, a 54 años de aquel acontecimiento, podemos apreciar la colosal obra educacional que atesora nuestro país, la cual se perfecciona con algunas transformaciones para elevar la calidad de la educación, como propósito esencial de una Revolución que sigue muy de cerca la formación de sus hijos.

Cuba dispone de un claustro docente de calidad y nuevos profesionales desempeñan tareas medulares en el seno de nuestra sociedad y en el continente. En no pocas naciones hermanas, nuestros maestros contribuyen a la alfabetización y formación de los demás con la aplicación de los programas “Yo sí puedo” y “Yo sí puedo seguir”, en el noble empeño de llevar la luz de la enseñanza y el amor a todos.

Razones más que suficientes para que los educadores cubanos reciban en este y todos los días, el homenaje de padres, hijos y todo un pueblo agradecido. Nos toca hoy hacerlos sentir indispensables, porque lo son.

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