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Por Noel Manzanares Blanco/ Cubainformación

maxresdefaultHace unos veinte meses, expuse que consideraba que los autores de Se incrementa el precio de venta de la leche en polvo en nuestro país podían tomar nota de Con la leche no se juega, analizar detenidamente los comentarios que aparecen en su trabajo en Granma y, con esa base, volver a quienes les brindaron la información que dio pie a todo lo examinado entonces en aras de ganar más precisión para responder lo mejor humanamente posible ante nuestro pueblo a la pregunta: “¿Es justificada la subida del precio de la leche en polvo?”.

Hace unas cuatro semanas, tras calificar de sobresaliente los resultados en la Economía cubana en el 2015, recordé que Marino Murillo, integrante del Buró Político del Partido Comunista de Cuba, Vicepresidente del Consejo de Ministros y Titular de Economía y Planificación, sobre el precio de los productos agropecuarios reconoció que han subido en los últimos años y que es complicado hacer coincidir la ley de oferta y demanda con regulaciones del Estado a los precios; al tiempo que sentenció: “Existen posibilidades reales de establecer precios topes, pero se debe diseñar una estrategia efectiva que permita el cumplimiento de los mismos”. Y a la sazón signifiqué que ello me generó un sabor no agradable y, en correspondencia, pregunté para meditar: ¿Por qué a esta altura no se ha diseñado una estrategia efectiva que permita “establecer precios topes”, si “Existen posibilidades reales” para concretarla? —las negritas son de ahora.

A esta altura, leí con detenimiento La moraleja agropecuaria: subir niveles de producción y bajar precios, particularmente el criterio de Jesús Rodríguez Palomino, quien es usufructuario des­­de el 2009 y piensa que “los principales problemas con que deben lidiar los productores acogidos a esta modalidad, se resumen en la contratación, la comercialización y “la necesidad de topar precios”; amén del señalamiento de José R. Ma­chado Ventura, Segundo Secretario del Partido Comunista de Cuba y Vicepresidente del Consejo de Estado, en el sentido de que se evalúa la al­ternativa de fijar un límite máximo, o sea, “ponerle un hasta” a los precios —las negritas son de la fuente.

Asimismo, estudié ¿Por qué ahora semejantes precios en el Agromercado cubano? Hablan campesinos (+ Infografías), un complemento atinado del rótulo antes leído. Puntualmente, me llamó la atención las palabras de Abelardo Álvarez Silva, Presidente de la Cooperativa de Créditos y Servicio (CCS) Antero Regalado, a saber:

El Trigal [primer mercado mayorista de productos agropecuarios del país que comenzó a funcionar en el municipio Boyeros, de la capital, de modo experimental, hace un par de años] fue una entidad creada con un objetivo muy positivo de concentrar todas las producciones provenientes de Artemisa y Mayabeque para que luego fueran distribuidas en La Habana. Pero realmente la cooperativa mía no tiene nada que hacer en el Trigal, ni lo tuvo cuando empezó, ni lo tiene ahora. Ese establecimiento dejó de ser hace un tiempo para lo que fue creado y se ha convertido en un antro de perdición en todos los aspectos. Los precios son abusivos, es por hoy un negocio de muchos cuentapropistas para enriquecerse y donde se desvían las producciones para otros destinos que no son los recomendables” —las negritas son de la fuente.

Con tales elementos de juicio, imagino no ser acusado de superficialidad alguna al sostener que sobra la información que avala la necesidad de no postergar más la batida al abuso contra Liborio en un tema tan sensible y, por tanto, sentencio: en Cuba apremia proporcionarle un rotundo puntapié a los precios descomunales.

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