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Por Joel Macías Rivas

1En mi barrio hay unos cuantos barberos (cortadores de pelo), pero en el único lugar donde siempre se hace colas para pelarse es con Lídice “y no es porque solo trabajo viernes, sábado y domingo, es porque nunca he subido el precio por encima de cinco pesos”, y porque “es solidaria y portadora de un trato especial para con sus clientes”, dicen la mayoría.

Como los cortadores de pelo, muchos oficios “nunca debieron ser intervenidos por el estado”, dijo uno de los que esperaban su turno, y se hizo el debate. Los que hablaron se referían al remendón y limpiador de zapatos, a los vendedores de frutas, a los jardineros, a los plomeros, albañiles, carpinteros, a los relojeros, y a los timbiricheros, como popularmente se les llama.

5Y miren ustedes, por donde quiera proliferan los negocios particulares y “siempre tienen algo que vender y bien caro y la gente tiene que sacrificarse y comprar, porque los centros gastronómicos estatales, casi siempre, solo te ofertan ron, cigarros y café aguado”, dicen algunos.

Los que andan por las calles de Santiago de Cuba y por otras ciudades y pueblos de la provincia, saben que algunos de esos criterios pueden ser en algo absolutos; hay unidades estatales que prestan servicios de calidad y algunas de excelencia, pero en una buena parte “si no faltan los recursos, se acaban antes de tiempo, o la calidad no es la mejor, o bien que te maltratan”, y eso se percibe, se sufre, aunque una mayoría tenga que acudir ahí “porque el salario no da para mucho más”.

correo.rem.cuY no es difícil comprobar lo que la gente expresa: hay lugares donde están dos dulcerías una estatal y una privada colindantes y la calidad es bien diferente; igual sucede con los puntos de vender café, bocaditos o emparedados, mini mercados, lo que la gente ha dado en llamarles “el príncipe y el mendigo”, y la pregunta debiera ser, y es, ¿ de dónde salen la mayor cantidad de los recursos que se emplean en esos menesteres?, caliente, caliente, como con las adivinanzas fáciles.

La mayoría de los cubanos apuestan por la propiedad colectiva( cooperativa o estatal) sobre los principales medios de producción y los servicios imprescindibles: grandes industrias, fábricas, servicios estratégicos como la salud, la educación; derechos como el deporte, la cultura, el acceso a las aplicaciones de las ciencias, a todo lo que se le seguirá llamando “lo nuestro”, pero con eficiencia.

También se apostará por la propiedad privada, a la que se le seguirá llamando “lo mío”, esa que se hace imprescindible porque el estado no puede con ella, al menos mientras no se establezcan en el mundo otras formas y relaciones de producción, donde el hombre y la mujer tengan la posibilidad de “satisfacer sus crecientes necesidades” en un ambiente de trabajo consciente y de solidaridad, que sea la base para la igualdad y el respeto y no para la mezquindad. ¿Difícil, verdad?

7Mientras, habrá que seguir insistiendo y lograr erradicar o minimizar el maltrato a la propiedad colectiva, la apatía ante el trabajo estatal y las violaciones al orden; llámense la indisciplina, el robo, la estafa… la corrupción.

En el 7mo congreso del partido, mes de abril próximo, se corregirá el camino para continuar perfeccionando el modelo económico y social cubanos y quizás la conceptualización teórica del socialismo en Cuba. Mucha falta que le hace al país.

Posdata: antes de que se masificara el trabajo por cuenta propia, en mi barrio hubo barberías que cobraban por un corte de pelo 60 u 80 centavos, es como decir “me pelaba de gratis”, pero llegó un momento en que la mayoría de las veces estaban cerradas por “enfermedad” de los empleados o de sus hijos, o porque estaban resolviendo un problema, o etc, etc, etc,; lo que no fallaba era que “el fin de semana, en la casa, le cortaban el pelo a los amigos que le pagaban bien, aunque estuviera prohibido”.

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