Por Héctor Segura Rizo*

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Los jóvenes actores cubanos Héctor Medina y Carlos Enrique Almirante interpretaron dos importantes personajes de La cosa humana. Foto tomada de http://www.lacosahumana.com

Por estos días los cines de la ciudad santiaguera se ocupan con el estreno del filme La cosa humana, última realización del cineasta cubano Gerardo Chijona, autor, entre otras obras, de Adorables mentiras y Boleto al paraíso.

Presentado ya en el XXXVII Festival Internacional del Nuevo Cine Latinoamericano, el largometraje mezcla vandalismo y arte para dar vida a un joven transgresor de las noches habaneras que, movido por el interés de conseguir una suma notoria de euros, agita su capacidad intelectual en función de un concurso literario.

El elenco actoral, integrado entre otros por Enrique Molina, Vladimir Cruz, Héctor Medina, Carlos Enrique Almirante y Miriel Cejas, desdobla sus capacidades histriónicas y presenta pintorescos personajes a los cinéfilos que provocan la empatía de un modo casi inmediato.

Tras la première en el cine Cuba de la calle Enramadas, Sierra Maestra obtuvo las valoraciones de Gabriel Cascante, escritor santiaguero que desde su blog Las Cabezas Trokadas incursiona en la crítica de cine. Esencialmente dos elementos del filme captaron la atención de Gabriel:

“Lo primero es el hecho de que es en sí un juego con el concepto de lo postmoderno. Pero lo interesante de la cinta no es que sea postmoderna, porque ese tipo de cine hace ya mucho que se hace en Cuba, sino el modo en que juega con lo postmoderno dentro de lo postmoderno; ya que el propio hecho de que el cuento del personaje que es premiado en el concurso sea una reescritura de un relato que lo precede, es en sí un acto de la postmodernidad. La misma película es también en sí una relectura de bocadillos, de secuencias y de elementos que han compuesto otras obras cinematográficas y literarias precedentes. Todo esto torna interesante la historia y la construcción formal de la pieza.

“Por otra parte, llama la atención el hecho de que, al margen de ser lo que yo llamaría una construcción argumental honesta, la película raya los límites de esa honestidad autoral en el sentido de que trata de disfrazar ciertas cosas que la enganchan y la conectan con la realidad cubana, de manera directa, irreverente y desprejuiciada, sin estar marcada por el miedo a la oficialidad o cuestiones del desdoblamiento moral”, agregó Cascante.

A grandes rasgos es esta una realización sencilla que apela a elementos de la comedia inteligente y juega con el background cultural del espectador mediante un constante bombardeo de intertextualidades. En tal sentido el guión posee momentos intensos y logra construir una situación dramática de buen cierre semántico y hasta con giros tarantinescos.

Si entretener es la función básica que persigue Chijona con La cosa humana, puede decirse que en Santiago de Cuba “dio en el centro de la diana”, pues las opiniones del público, una vez que rodaron los créditos, manosearon con euforia lo positivo.

*Tomado del Periódico Sierra Maestra

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