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Por: Marcos Torres / Las Torres de Marcos

posada-se-muereHe leído con detenimiento el artículo presentado por un tal Camilo Loret de Mola en el sitio anticubano “Diario de Cuba” donde tratan de humanizar los últimos días de uno de los mayores asesinos de la historia contemporanea: Luis Posada Carriles.

Cualquiera que lea el artículo, se encuentra con “un pobre ancianito perseguido por la sangrienta dictadura comunista”, y además como “un hombre que ha dedicado su vida a la lucha por la libertad en Cuba”, o al menos esa es la impresión que se lleva.

Lo delinean en la cama de hospital con un “piyama gastado” y el autor le declara descaradamente como “ese anciano inofensivo”, desconociendo olímpicamente que está en presencia de un criminal de guerra buscado por la justicia venezolana y cubana desde hace décadas. Se le olvida que tiene las manos manchadas de la sangre cubana, venezolana, colombiana y otras tantas. Se le olvida que fue el mismo que se confesó autor del derribo del avión de cubana en Barbados en 1976, así como de los atentados terroristas en los centros turísticos habaneros, cuya participación en estos hechos el propio autor trata (según él) infructuosamente que el enfermo “le devele”. ¿Qué tratará de hacer este “periodistucho”, si es que es periodista?

Clama el autor de esas aciagas líneas por una supuesta e imaginaria “vendetta” personal contra el “pobre enfermo” por parte del gobierno revolucionario de Cuba, tratando de vestir así al lobo sangriento de plácida oveja moribunda, vilipendiada y temida por sus enemigos jurados, no faltando una “fabularia” confrontación entre Posada y nuestro Comandante en Jefe dónde (¡ilusoriamente y carcajada de por medio!) gana el primero.

Recuerdo en este instante el acto de hace ya algunos años donde se inauguró el monte de las banderas frente a la antigua Sección de Intereses Norteamericana, lugar donde hoy se ubica la embajada de los Estados Unidos, cuando Cremata (¡el buen Cremata y no el pendejo traidor del hermano!) invocara con rabia a “la estrella que ilumina y mata” del apóstol en lógico clamor del agraviado, de la víctima sin justicia.

Algunos podrán decir precisamente eso llegado el momento: “se ha hecho justicia”.

Yo les diré que no. Les diré que ha muerto impune un criminal asesino; que justicia (divina o de los hombres) es otra cosa; que los cadáveres que se le amontonaron con los años en la gavetas de su retorcida conciencia, hoy se retuercen y culpan no ya a Posada sino al silencio… ese silencio cómplice de sus amos del norte.

En twitter: @Marcostropero.

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