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Por Yuniel Labacena Romero/CubaAhora

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Varios académicos señalan que el concepto de responsabilidad social universitaria está en construcción permanente. (Yander Zamora / Granma)

La Universidad en la época actual no es algo extraño para nadie y se ha convertido no en entes de “full” conocimiento como antes, sino como una entidad social y a la vez académica que le permite a los estudiantes salir de sus muros e ir más allá de lo que antes se permitía, ha sido ese eslabón necesario para reencontrarse con la sociedad y aportar al desarrollo de una nación.

Ello es más que necesario en esta época de grandes cambios, pues esas instituciones son un factor clave en la capacidad competitiva de las ciudades, regiones y países, así como un indudable agente de calidad de vida en cada uno de esos entornos. Por ello, al ascender los escaños que llevan a esos centros, los estudiantes debieran pensar también en el enorme privilegio que significa formase en constante intercambio con la sociedad.

Decía José Martí que “Educar es preparar al hombre para la vida”, y ello tiene plena vigencia cuando hablamos de la responsabilidad social de las universidades y su papel en el desarrollo sostenible, entendida esta no solo como la necesidad depromover la mejora social, sino también de la importancia de que la universidad se sienta y sea parte de esa misma sociedad.

Varios académicos señalan que el concepto de responsabilidad social universitaria está en construcción permanente en virtud de la interacción que se establece entre universidad y sociedad, con miras a promover la cohesión social como fin primordial. No obstante, formación, investigación, liderazgo social y compromiso son los elementos sustantivos que determinan el formato de esta relación para hacer efectiva su incidencia.

En tal sentido, vale destacar que los centros de altos estudiosson actores relevantes para construir y anticipar escenarios alternativos encaminados a conseguir una mayor equidad. Sin embargo, para que la universidad sea realmente transformadora y no meramente adaptadora, tiene que estar dispuesta a transformarse a sí misma a la vez que tiene que ser ella misma en su misión de servicio a los demás.

Sobre el tema, José Ramón Saborido, viceministro primero de Educación Superior en Cuba, apuntó en el Congreso Internacional Universidad 2014 que no es posible transformar las sociedades hacia una vida más plena sin la participación protagónica de la Universidad, pues esta ejerce un sistema decisivo de influencias para enrumbar a las sociedades hacia destinos que representan los intereses más legítimos de los pueblos.

Y es que en vías a ese desarrollo sostenible de las naciones, las universidades tienen mucho que aportar a su dimensión económica, social, política y cultural, pues desarrollan la innovación, no solo en la actividad científico-tecnológica, sino también en la formación de profesionales de calidad. Además, pueden favorecer cambios sociales que promuevan la justicia, la inclusión, la integración y la lucha contra la pobreza.

Como ha declarado Rodolfo Alarcón Ortiz, ministro de Educación Superior de Cuba, para la universidad, la innovación supone el fortalecimiento de la investigación que aúne calidad y pertinencia y, a través de ello, la capacidad de producción y circulación de conocimientos, alineándolos con las necesidades y demandas de la sociedad, los sectores productivos, las comunidades y la sociedad toda.
Por ello, la universidad innovadora será aquella capaz de gestionar conocimiento y promover innovación mediante la interacción con el entramado de actores colectivos, contribuyendo al despliegue de los sistemas locales, regionales, sectoriales y nacionales de innovación. En todo ello ha de obrarse para atender los grandes desafíos de nuestro tiempo y nuestras sociedades, necesitada de sus principales instituciones académicas.

Fe de estas ideas daba Alarcón Ortiz, precisamente este lunes, en la conferencia inaugural del X Congreso Internacional Universidad 2016, donde expresó que la “universidad innovadora es la que se reforma permanentemente, enriqueciendo su modelo de gestión, para cumplir mejor su función social mediante la sinergia de las actividades de formación, investigación y la extensión universitarias, vinculadas siempre con la sociedad; universidad que favorece los procesos de acceso, permanencia y egreso de los estudiantes”.

Aquellas naciones que actualmente no disfrutan de una educación pública, gratuita y de calidad y esta se convierte en mercancía, no les queda más alternativa que enfrentar la avalancha neoliberal y construir vínculos universidad-sociedad adecuados a los modelos de desarrollo que respondan a las expectativas de sus pueblos, para que la Educación Superior sea un instrumento imprescindible de desarrollo social.

INTEGRARSE A LA SOCIEDAD

Punto y aparte tiene en este aspecto Cuba, donde se defiende el modelo de una universidad humanista, moderna y universalizada; científica, tecnológica e innovadora; integrada a la sociedad y comprometida con la Revolución, ejes esenciales en ese camino de lograr la responsabilidad social y el aporte en el desarrollo sostenible, sobre todo ante los extraordinarios desafíos de este tiempo.
Para tal empeño, la Extensión Universitaria es una de las funciones más integradoras en los centros de altos estudios, al ser un espacio que facilita la unión entre los procesos universitarios y fortalece la relación entre universidad-sociedad. Además, con su sistema de acciones tiene el objetivo de promover cultura en cualquiera de sus expresiones, dígase científica, económica, jurídica, política, artística, deportiva, entre otros.

En tal sentido, vale apuntar que el escenario actual se caracteriza por la integración institucional de las universidades de diversos perfiles, lo que posibilita contar con centros de altos estudios más fuertes y con mayor capacidad para responder a las demandas cada vez más complejas que la sociedad plantea, sobre todo a partir del VI Congreso del Partido.

Al referirse a la Educación Superior, esa cita se pronunció explícitamente, entre otros asuntos, por elevar el rigor y la efectividad de todo el proceso docente educativo para incrementar la eficiencia académica y por actualizar los programas de formación e investigación de las universidades en función de las necesidades del desarrollo. Así quedó plasmado en uno de los Lineamientosde la Política Económica y Social del Partido y la Revolución.

Así, el impacto de las universidades en el desarrollo económico y social ha tenido resultados importantes, apoyada por una estrategia de integración tanto a lo interno como con el entorno económico y social. Fe de ello dan estar implicadas en prácticamente todas las esferas de la economía y la sociedad a todos los niveles, incluyendo el estratégico proceso de actualización del modelo económico y social cubano. Además de su participación en los sistemas de innovación sectoriales más avanzados, como la industria biotecnológica y médico-farmacéutica o en sectores industriales claves como la energía y minas.

Igualmente, es significativo a nivel local. Varios proyectos se han desarrollado desde los territorios, por ejemplo, para la explotación de fuentes renovables de energía; la ciencia ligada a la producción de alimento, de biofertilizante y el control biológico de plagas, y la introducción de minindustrias en la producción de conservas. Otros proyectos estan relacionados con el diseño de estrategias para medir indicadores sociales y la generación de software educativo vinculado a la educación ambiental y el tratamiento de la historia local.

Son muchos los retos que tiene la llamada Universidad responsable. Entre ellos, numerosos académicos han señalado la necesidad de asumir los problemas sociales y económicos más acuciantes, y transformarlos en problemas para la investigación, la enseñanza y la innovación. Y para concretar este reto es indispensable proyectos que propicien la inclusión, cohesión y justicia social.
Como declaró el ministro de Educación Superior de Cuba, en la conferencia inaugural del X Congreso Internacional Universidad 2016, los centros de altos estudios son fundamentales en los grandes propósitos del desarrollo social, la inclusión y la competitividad, sobre todo en el contexto de una economía globalizada e interconectada, por lo que se hace necesario una conexión directa entre los fines de esas instituciones y los proyectos de sociedad.

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