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Los “combatientes verticales de la Calle 8” siguen aferrados a su empecinamiento. Ahora acusan a Obama de haberlos traicionado.

El Duende (Max Lesnik) / Radio Miami/Tomado de Fanal Cubano

La mejor definición de locura es aquella que dice que un loco es aquel que repite y repite la misma operación fracasada frente a un hecho concreto, con la idea obsesiva  de que alguna vez obtendrá un resultado diferente que lo conducirá al éxito.

El mejor ejemplo de ello es la conducta irracional del llamado “exilio cubano histórico” que por más de medio siglo ha basado su estrategia de lucha contra la Revolución castrista apoyando las distintas acciones anticubanas llevadas a cabo por los diferentes gobiernos de Estados Unidos a lo largo de los años, aún a pesar del fracaso de todas ellas.

Y ahora cuando el Presidente Obama reconociendo la ineficacia de tales métodos se  decide a utilizar la zanahoria en lugar del garrote, ellos los “combatientes  verticales de la calle 8”, dicen que seguirán con más de lo mismo en la convicción  de que esta vez lograrán la ambicionada victoria. Si eso es no es locura, al menos  es síntoma de irremediable demencia senil, porque de ancianos se trata.Y lo más grave de ello -para la oposición fracasada- es que con ese mal irracional  que no los conduce a ninguna parte, han contagiado a los llamados “Disidentes” de la  isla -la oposición fabricada y pagada por un gobierno extranjero- que repiten como  papagayos lo que le indican desde Miami los hermanos batistianos Díaz Balart y compañía que repiten hasta el cansancio que con bloqueos y agresiones las cosas en Cuba serán distintas a como son.

Están locos y no lo saben. ¿Y qué loco sabe que lo está?  Pregunto yo. Y lo que es más. Decía un eminente y sabio profesor ítalo-español especializado en siquiatría -llamado Gustavo Pittaluga que se radicó en La Habana a mediados de la década de los  años 50 del pasado siglo XX-, que en Cuba no se daba el “loco puro”, puesto que dadas las condiciones particulares de la isla -su clima, su entorno- el loco cubano era  más bien un producto híbrido, puesto que por lo regular el loco criollo tenía una buena parte de sinvergüenza. Eso es. Locos o sinvergüenzas. O las dos cosas a la vez.