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Por Rafael Carela Ramos/Periódico Sierra Maestra

Este mes de marzo la Libreta de Abastecimiento cumple 53 años de haber sido instaurada, medida que ha influido por más de medio siglo en el quehacer y la vida de los cubanos.

La Libreta de Abastecimientos, es un sistema de subvención y racionamiento de los alimentos, con el objetivo de garantizar que los productos básicos sean asequibles a toda la población.

La Libreta también ha servido durante décadas para entregar cuotas especiales de alimentos a personas con dietas por prescripción médica, las cuales pueden incluir carne, pescado, leche, viandas y vegetales.

Pese a que la oferta de los productos normados no alcanza para todo el mes, la mayoría de las personas piensa que por lo menos le permite tener la seguridad de que recibirá algo que no tendrá que resolver mediante la ilegalidad, o no tendrá que “inventar” en la cocina.

El papel de la Libreta en la época en que desapareció el campo socialista y los suministros de Cuba se redujeron sustancialmente fue determinante, porque su existencia permitió repartir equitativamente los pocos alimentos que entraban o se producían, y que eran insuficientes para sobrevivir.

En mis indagaciones bibliográficas y de terreno acerca del tema, he conocido de criterios como que la Libreta no ha resuelto la escasez en Cuba; que está obsoleta; que contribuye al igualitarismo, etc.

En realidad, la Libreta no se creó para eso, sino que fue y sigue siendo una necesidad para muchos, pues no todas las personas reciben remesa, trabajan en empresas mixtas y acceden a divisas, poseen paladares o arriendan viviendas y habitaciones, tienen camiones o camionetas tirando pasaje, están envueltos en determinados “negocios”, o tienen salarios altos.

De la Libreta se ha dicho todo lo bueno y malo que pueda decirse, a veces sin medida, como en el caso de uno de los últimos congresos de la ANAP, en el que un productor abogó por su eliminación inmediata, aduciendo que la gente vende los productos que recibe. No dudo de que haya quienes venden productos de la Libreta, pero la mayoría estoy seguro de que no lo hace.

Estoy consciente de que con las dificultades económicas que enfrenta el país, en lo esencial por el bloqueo de Estados Unidos, el Estado no podía continuar asumiendo el costo de la canasta básica original, por lo que se ha reducido la oferta de esta; pero su eliminación, como se ha dicho, tiene que ser gradual, en espera del desarrollo que cree las condiciones para ello, pues la liberación de algunos de esos productos, por el alza de sus precios, ha contribuido al encarecimiento de la vida.,

Creo que cuando se vaya a eliminar la Libreta, habrá que ser muy acucioso para determinar quienes realmente necesitan ser ayudados, en correspondencia con la política del Gobierno revolucionario de no abandonar a los más necesitados.

(Con información de agencias)

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