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Por Joel Macías Rivas
Los cubanos somos de tal temperamento que nos acostumbramos muy rápido a las distintas situaciones que se presentan y, cuando de repetir consignas se trata, muchos somos especialistas. Pero hace a penas días que terminó el séptimo congreso del partido, evento que, definitivamente, nos “recordó” que ha llegado el momento de bajarse de esa nube; los acontecimientos nos están superando, y algunas personas, quizás muchas, continúen mareadas esperando lo que debe hacer el otro, o quizás demorando el momento preciso en que, en lo personal, cada quien debiera hacer lo suyo y hacerlo bien.
Lo que tenemos que hacer por la patria en lo económico y en lo social, tiene su basamento moral en el Concepto Revolución expresado por nuestro Comandante en Jefe Fidel Castro, reflexión tan común que ud la puede leer en los murales de los centros de trabajo, amplificada en mítines, reuniones cederistas, balances administrativos y sindicales; y la reproducimos en la radio, en la televisión y en los periódicos, en fin, que todos la conocemos. Pero cabría preguntarse: ¿Hemos interiorizado el Concepto con la integralidad, la fuerza y la celeridad que necesitamos?; soy del criterio de que estamos lejos, bastante lejos, de esa aspiración. Por supuesto, mis conclusiones NO son absolutas: del Concepto Revolución apreciamos avances consolidados en muchas de sus definiciones, pero hay otras que son decisivas para mantener a las demás y la verdad es que NO se han interiorizado adecuadamente.
Revolución es Sentido del Momento Histórico, aseguró nuestro máximo líder y de inmediato sentenció: es cambiar todo lo que debe ser cambiado. Ahí, en esa parte, la respuesta ha sido lenta y cuando nos toca en el orden individual, entonces, para una significativa mayoría, perece que el problema es ajeno. Ejemplos podríamos poner muchísimos, pero es en la calidad de los servicios, en la terminación de las obras constructivas, en la disciplina laboral y social, el burocratismo, el sociolismo, en el maltrato y la indiferencia, donde más incidimos todos y donde más se demoran los cambios tan necesarios. Lo peor de esta realidad, creo yo, y valgan las excepciones, es que algunos buenos resultados a veces son empañados, porque el cambio se produce solo en la parte material o financiera y NO en la mentalidad de los recursos humanos. ¿Por qué se pierden importantes cantidades de frutas en el campo y no llegan a los mercados, porqué las empresas de producción de alimentos incumplen sus planes y se siguen justificando, porqué si no tenemos un amigo en ciertas instituciones algunas de nuestras necesidades se nos convierten en una quimera, cuántas veces se ha implorado la solidaridad de los que tienen a su disposición un transporte automotor y que circulan vacíos estando las paradas llenas de gente?.
Interrogantes como esas podríamos hacernos en cualquier cantidad, pero prefiero resumirlas en una…¿ Cuántos de nosotros estamos implicados en ellas?. Muchas oportunidades hemos tenido para reflexionar acerca del cumplimiento del deber individual y de cómo ejercer nuestra democracia; los lineamientos del sexto congreso del partido ratificados en el séptimo y ahora la conceptualización del modelo de desarrollo socialista al que aspiramos, son los ejemplos más recientes y contundentes de cómo se cuenta con el pueblo para encaminar las decisiones del presente y del futuro próximo.
La alternativa es la revolución, no tenemos derecho a dejar que se pierda.

 

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