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El primer hotel administrado por una empresa estadounidense en Cuba desde el triunfo de la Revolución abrió sus puertas este martes a pesar de que Washington continúa bloqueando las inversiones y el intercambio comercial con su vecino caribeño.

El hotel Quinta Avenida pasó a manos de la multinacional Starwood Hotels & Resorts Worldwide en cumplimiento de un acuerdo firmado en marzo pasado, apenas unas horas antes de la histórica visita a la isla del presidente estadounidense Barack Obama.

El contrato incluye al emblemático Hotel Inglaterra, que será incorporado a la colección de lujo de Starwood el próximo 31 de agosto, de acuerdo con su sitio web oficial.

El Quinta Avenida, renombrado como Four Points by Sheraton, es el último ejemplo de la corriente de cambios que recorre el Estrecho de la Florida desde los anuncios del 17 de diciembre de 2014.

El recién inaugurado Four Points cuenta con 180 habitaciones y seis suites. Dos de sus habitaciones han sido diseñadas para ser accesibles a personas con discapacidad. Las capacidades están desde USD 246 $ /noche

Hace solo unos días se dieron a conocer las seis aerolíneas que ocuparán 90 rutas a nueve aeropuertos cubanos distintos al de La Habana y recientemente se anunció que es posible retirar efectivo en los cajeros de la Isla desde las tarjetas de crédito Mastercard emitidas por el banco Stonegate de la Florida.

Ningunos de estos elementales acontecimientos serían noticia si no involucraran a dos contendientes de la Guerra Fría, cuyos nexos económicos y diplomáticos estuvieron congelados por más de medio siglo.

Quizás lo más sorprendente es que estos pasos de avance tienen lugar sin que el Congreso de los Estados Unidos levante el bloqueo económico, comercial y financiero que mantiene en vigor desde 1961.

La Casa Blanca acompaña su nueva política hacia Cuba — definida en términos de cambiar los métodos, pero no los objetivos — con una serie de medidas ejecutivas para transformar aspectos puntuales de la aplicación del bloqueo.

El acuerdo de Starwood, por su parte, es el primero en aprovechar los espacios abiertos para la industria turística estadounidense, que siempre ha visto con buenos ojos el mercado cubano.

La isla atrajo el pasado año una cifra récord de 3,5 millones de turistas, en su mayoría canadienses y europeos, pues se mantiene en vigor la restricción a los viajes turísticos de los estadounidenses.

Sin dudas su objetivo son los viajeros estadounidenses que comienzan a llegar gracias a la ampliación de las 12 categorías de viajes. Y, por supuesto, los millones que pudieran arribar en un futuro sin bloqueo.

La Asociación Americana de Agentes de Viaje estima que al menos dos millones de norteamericanos viajarían a Cuba en el 2018 si la restricción a los viajes fuera levantada este año.

El Four Points cuenta con una estratégica ubicación en el centro de financiero de La Habana, por lo que se espera que se centre fundamentalmente en el turismo de negocios.

Además, los analistas coinciden en que este tema, que toca un derecho constitucional de los estadounidenses, es uno de los que más probabilidades tiene de avanzar en un legislativo dominado por republicanos contrarios a la administración demócrata.

De hecho, un proyecto de ley para levantar la restricción a los viajes ya cuenta con una mayoría simple en el Senado pero espera lograr una mayoría calificada antes de llevarlo a votación para evitar cualquier clase de maniobras. Una enmienda con fines similares fue incluida en un proyecto de ley de presupuestos en la Cámara Alta y se espera próximamente una votación en la Cámara de Representantes de una provisión similar.

Starwood simplemente se habría llevado la arrancada y, de paso, estaría marcando un camino para el resto de las compañías estadounidenses interesadas en invertir en Cuba.

El problema consiste en que los pasos de la administración Obama se mueven en la cuerda floja del entramado legal contrario a Cuba que se ha ido tejiendo a lo largo del último medio siglo.

De hecho, el sector contrario al acercamiento entre La Habana y Washington — especialmente los legisladores cubanoamericanos — aseguran que algunas de las medidas recientes violarían las leyes estadounidenses.

Un artículo reciente de El Nuevo Herald cita el ex congresista Lincoln Díaz-Balart, según quien la actual administración estaría permitiendo el uso de tarjetas de crédito amparándose en que serán empleadas por viajeros autorizados, pero en su opinión, esto violaría la ley al permitir la extensión de financiamiento (préstamo o crédito) para transacciones en las que se podrían ver involucradas propiedades confiscadas a personas o compañías estadounidenses, un aspecto prohibido en el artículo 103 del título 1 de la ley Helms-Burton (The Cuban Liberty and Democratic Solidarity Act) de 1996, la legislación que codificó el bloqueo.

SEC. 103. PROHIBICION DE LA FINANCIACION INDIRECTA DE CUBA

a) PROHIBICION. — No obstante cualquier otra disposición jurídica, ningún nacional de los Estados Unidos, extranjero con residencia permanente en los Estados Unidos ni organismo de los Estados Unidos podrá conceder a sabiendas ningún préstamo, crédito u otra forma de financiación a persona alguna con el propósito de financiar transacciones relativas a una propiedad confiscada que algún nacional de los Estados Unidos haya reclamado oficialmente en la fecha de promulgación de esta Ley, salvo que se trate de una suma aportada por el nacional de los Estados Unidos que posee dicha reclamación para financiar una transacción permitida con arreglo a la Ley de los Estados Unidos.

“La Administración, infirió Díaz-Balart, trata de justificar acciones legales apuntando a parte de la ley, pero están violando otras”, añade el diario.

El hecho de que el hotel Quinta Avenida sea propiedad de la empresa Gaviota, parte del sistema empresarial de las Fuerzas Armadas Cubanas, ha sido utilizado también para añadir leña al fuego.

Sin embargo, la clave para entender cómo es posible que Starwood administre un hotel en La Habana sin violar el bloqueo estaría en las puertas traseras de la propia Ley Helms-Burton, así como de las amplias potestades ejecutivas que conserva el presidente de los Estados Unidos.

Cuando William Clinton estaba firmando la ley, se percató de los inconvenientes de maniatar al Ejecutivo respecto a Cuba. “De acuerdo con la Constitución, interpreto la ley (la Helms-Burton) en el sentido de que no deroga la autoridad presidencial de conducir la política exterior”, refiere un comunicado oficial de su despacho con fecha 12 de marzo de 1996.

Según varios analistas consultados con anterioridad, cuando la Helms-Burton convirtió el bloqueo existente en ley, también transformó en ley la autoridad presidencial de emitir licencias y hacer excepciones al bloqueo.

Los trasfondos legales son difusos incluso para los entendidos. Unas legislaciones se sobreponen sobre las otras a lo largo de los años, pero no se anulan. De tal manera que, junto a la Helms-Burton, aún están en vigor las potestades de la Ley de Asistencia al Exterior de 1961, así como algunas de las estipulaciones de la Ley de Comercio con el Enemigo que data de 1917.

Ambas leyes empoderan desde 1962 a los departamentos de Comercio y del Tesoro para manejar en la práctica la aplicación del bloqueo. Esa sería la puerta que estaría utilizando la Casa Blanca no solo en el caso de Starwood, sino también para aprobar a una empresa de Alabama, Cleber LLC, que busca instalar una fábrica de tractores en la Zona Especial de Desarrollo del Mariel.

Las principales limitaciones para las inversiones están en aquellos casos que involucren a propiedades nacionalizadas tras el triunfo de la Revolución, en caso de que estén sometidas a reclamaciones de ciudadanos estadounidenses. Sin embargo, incluso en estos casos existen precedentes de acuerdos exitosos de compensaciones entre las partes involucradas.

La propia administración estadounidense ha incluido otra regla de juego, que es que las inversiones, las ventas o las importaciones de productos cubanos deben ser en beneficio del “pueblo cubano”.

Pero resulta fácil imaginar innumerables escenarios que cumplan esos principios en las áreas de turismo, telecomunicaciones, agricultura, medicina, energía, infraestructura, educación, viajes, actividades culturales, deportes, entretenimiento, entre otras.

Si bien la actual administración ha hecho varios llamados a los legisladores para que levanten por completo el bloqueo, el nuevo hotel administrado por Starwood prueba cuán lejos puede llegar Obama o el próximo inquilino del Despacho Oval respecto a Cuba, incluso sin contar con el respaldo del Congreso.

Según el sitio web de Starwood, el hotel no será cerrado mientras se lleva a cabo un plan de restauración que incluye un cambio de equipamiento, nuevas camas y la supervisión de los 180 miembros del personal cubano por especialistas de la compañía radicado en otros países.

 

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