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La última frontera, en la carretera hacia Maisí, es Boca de Jauco. Puja primero un árbol tendido generosamente a todo lo ancho del asfalto, que logramos rodear por la arena que el mar dejó en retirada. Luego, el agua sobre el puente, también quebrado por grandes troncos, desafía con furia.

Es grande la devastación, dura la imagen de aquel pueblito de pescadores que tantas veces dejé atrás, de tan apacible, de tan diáfano…, con su escuelita justo después del cartel que anuncia la entrada del municipio, pero es solo el avance.

Vía aérea llegan los primeros equipos reporteriles hasta Los Arados, en el corazón del municipio más al este de Cuba. “Es duro, muy duro. Las casas, desde el aire, parecen espinas de pescado, casi todas sin techo. Y casi no hay verde, solo en el campo de pelota donde aterrizó el helicóptero, el resto es amarillento”, cuenta la periodista Marta Reyes Noa, de la emisora provincial.

Desde Maisí, el periodista Eniel Navarro Leyva cuenta también. Eniel, reportero de Primada Visión, vivió las peores horas en el municipio que recibió primero al ojo de más fuerte en toda la historia del oriente cubano. Ambos narran el desastre, “pero están vivos”, concuerdan luego. Todos vivos.dsc_0504

Casi el 100 por ciento de las cubiertas ligeras destruidas, en casas y entidades del Estado. Las señales de radio y televisión y el servicio eléctrico, afectados. El café en el suelo y las plantaciones del cultivo que más aporta a la economía municipal con daños severos. El Faro Concha en pie.

Los jefes del Consejo de Defensa tienen cara de no dormir por muchos días. En Boca de Jauco, el presidente del Consejo Popular que ahora es el Jefe de la Zona de Defensa, hace su trabajo sin que nadie lo mande. Se garantiza, dice, la alimentación, con los planes dispuestos desde antes.

Y confianza. “Estamos afectados pero nos vamos a recuperar. La zafra (de café) se nos acabó, no tenemos vivienda, no tenemos nada. Pero confiamos en Raúl, confiamos en la Revolución y confiamos en nosotros”, dice una pobladora de Los Arados.

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Sin ponerse de acuerdo, cada imagen muestra una bandera cubana. La gente se resguarda en ella. La bandera como un escudo o un abrazo, como declaración, como sosiego… Viva Fidel. Viva Raúl. Viva la Revolución, dicen cuando es posible oírlos.

A estas horas, la gente ha dejado de llorar y trabaja. Cuando llegamos por carretera y mientras un helicóptero rompía la última barrera y se posaba sobre el sitio que preocupaba a todos, el Maisí incomunicado desde el propio martes, lo que vimos fue esfuerzo.

Esto es solo el inicio. La recuperación nos depara un millón de historias.

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