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Por Javier Gómez Sánchez

pueblo-cubano¨Las palabras pueden ser robadas de la misma manera en que pueden ser abandonadas¨. Comenzaba así un texto publicado hace unos meses en La Joven Cuba con el título Recuperación de palabras malversadas. En él comentaba una de las aristas de la guerra psicológica en Cuba: La manipulación de términos y conceptos, su distorsión y finalmente la apropiación de los mismos por parte de la derecha cubana en la isla y fuera de ella.

Cada palabra robada abría un espacio de debilidad en el discurso político de la izquierda cubana igualmente dentro y fuera de Cuba.

Pero lo que uno nunca llegó a imaginar es hasta donde podía o pretendía llegar la derecha en esa guerra. Y es que estamos viendo como en uno de sus ataques más arriesgados y desesperados están intentando desvirtuar y capturar para sí nada menos que la palabra ¨revolucionario¨.

Lo desesperado no significa que no sea algo premeditado y diseñado con toda frialdad, si no que han llegado hasta eso porque nada de lo anterior les ha funcionado. Después de décadas de todo tipo de estrategias, se les ha ocurrido ponerse el uniforme de su tradicional enemigo. La vestidura de revolucionario.

No habían intentado algo así desde que en 1960 algunas mentes febriles de la CIA, en algún salón muy lejos de las montañas cubanas, pensaron que se podía derribar al nuevo gobierno fidelista utilizando las mismas tácticas de guerrilla que lo habían llevado al poder.

Por supuesto, las manipulaciones semánticas y sobretodo esta última no son una iniciativa a aislada. Forman parte de una ofensiva como parte del cambio de estrategia del Gobierno Norteamericano y de una reforma… (Jeje, ¨reforma¨, nada menos) de la contrarrevolución en Cuba.

Es sabido que es una contrarrevolución ¨muy necesitada de cambios estructurales, de la alarmante corrupción en sus filas y de la falta de dinamismo. Superar un discurso gastado que ya no cala ni en ellos mismos, la ausencia de democracia interna, de liderazgo y de carisma de sus cuadros y directivos, más interesados en el buen vivir que en cómo podrían solucionar los problemas del país¨

Es sorprendente la manera en que  un párrafo como el anterior, que habitualmente usarían  para describir al Gobierno cubano, le encaja tan perfectamente a su supuesta ¨oposición¨.

Aprovecharon el debate reciente sobre los medios de comunicación que derivó en opiniones sobre el papel progresista dentro de la Revolución y reflexiones de actores de izquierda sobre ese y otros temas afines. Pensaron entonces que el ambiente estaba maduro para lanzar una iniciativa de este tipo.

Desde hace bastante tiempo vienen abonando el terreno, haciendo ver como retrógrado, inmovilista y extremista a todo aquel que emita un criterio de apoyo a la ideología Revolución.

Ya antes lo habían hecho con la imagen de los revolucionarios históricos pintándolos como viejos cascarrabias, enajenados y recalcitrantes. Trabajaron muy duro para separar la imagen del joven cubano actual de la de aquel que vivió los episodios de la lucha pasada. Abrir un abismo entre el que hoy lleva un smartphone conectado a sus oídos y aquel que fue igual de joven pero le tocó tararear una canción para no dormirse sobre la ¨cuatro bocas¨.

Luego de creer completada esa etapa del trabajo, continuaron. A todo aquel que haga algo que no sea precisamente activo en términos políticos, ni patrióticos, ni siquiera humanitarios, aunque eso no significa que sean para nada perjudiciales, hacerles creer que son ¨revolucionarios¨.

Que la revolución anterior, según ellos la Revolución de 1959, ya terminó y que es necesaria un nueva revolución, no una trasformación dinámica de la primera para hacerla avanzar, sino una completamente distinta. Haciéndoles creer que aquella es  la enemiga más acérrima de sus vidas

Errores lamentables en el proceso socialista no les han faltado para agarrase de ellos.

Su intención es fabricar una revolución contra la Revolución.

Así se inventaron el concepto de ¨emprendedores¨. Hay que admitir que la palabreja ¨cuentapropista¨ usada por el bando contrario es, además de rebuscada, desagradable de escuchar. ¨Emprendedor¨ tiene ese tintineo halagador, entusiasta, que impulsa, casi que empuja. Recuerda aquella caricia del oído al estilo de ¨Ud. es un ganador¨

Luego sembraron sistemáticamente la idea de que todo el que ponga reparos, señale algún peligro, o simplemente dude de algún matiz en la introducción de una economía de mercado a cierto nivel en Cuba es el verdadero ¨contrarrevolucionario¨.

Sin embargo ese mismo sector pensante, crítico y que intenta para mejorar las cosas desde las ideas socialistas, fue el que precisamente empujó para que el gobierno abriera esas posibilidades económicas, incluso con sus conocidas limitaciones.

Por otro lado, los recientes acontecimientos con la venta de productos agrícolas, el trasporte privado, y la aún por detonar red de reventa de productos, le han dado la razón en cuanto a precauciones y previsiones necesarias.

Fueron tan socialistas en el impulso de los cambios para una minoría capaz y trabajadora, como en la sensibilidad al daño en las mayorías.

¿Entonces es a ellos a los que debemos tratar de ¨contrarrevolucionarios¨? No lo creo.

Lo bueno y lo malo hecho pertenece a la Revolución, no hay forma de separar lo bueno y dejarle solo lo malo, ni a los errores de los aciertos. Porque otra intención notable es hacer pensar que todo lo negativo que se hace u ocurre en Cuba es producto de los revolucionarios y sus instituciones, y lo positivo del Espíritu Santo.

Que cualquier cosa se haya logrado con la Revolución ¨es mentira, o ya no funciona bien, o antes también estaba, o no hacía falta, o en otros países se ha logrado por una tercera vía, o en el capitalismo se hace igual y mejor, o no es para celebrarla tanto, o simplemente no me importa¨.

Por nuestra parte, incluso un revolucionario equivocado sigue siendo un revolucionario.  Es deber de los demás no abandonarlo, no estigmatizarlo, no expulsarlo, no dividirse, convencerlo, convidarlo, rescatarlo. Y cuando lamentablemente están unidos poder y equivocación, no hay nada más poderoso que el tiempo y las ideas a las que les ha llegado su momento.

Finalmente, vale hacerse la misma pregunta que tanto nos han repetido a la izquierda que se expresa en Internet. ¿A quién llega ese mensaje, ese discurso? ¿Quién los lee? ¿Quién los divulga?

La respuesta es: exactamente los mismos que a nosotros. Los mismos muchos y los mismos pocos, según se vea. La misma gente que tiene como hacerlo, que vive dentro o fuera de Cuba, que le llega a sus móviles, a su PC, en sus hogares y en sus trabajos. Y que tienen familias o amigos a los que luego transmiten todo lo que influye en su pensamiento.

Es precisamente sobre ellos que los verdaderos y solapados enemigos de un futuro mejor para los cubanos, se han lanzado en este ataque, que no por descabellado deja de ser como siempre, venenosamente mal intencionado.

javiergosanchez09@gmail.com

Tomado de La Pupila Insomne

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