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Por Tatiana Coll/La Jornada

15218240_168082100327265_1231322466_nEn días pasados los medios, sobre todo la televisión y la radio comerciales, desplegaron una intensa campaña de mentiras y denostaciones sobre la revolución cubana y Fidel Castro, que reflejaron puntualmente el pensamiento del sector más conservador de los grupos de Miami y Estados Unidos. Su matraqueo descalificador se hacía más desesperado en la medida en que sus corresponsales mostraban un pueblo entero abierto a opiniones diferentes que emitieron, unido, movilizado, consciente y estrechamente vinculado al legado de Fidel.

Frecuentemente los medios, los analistas especializados, los think tanks, junto con la reciclada ex izquierda convocada a esos debates, se equivocan en sus afirmaciones. Sus inflexibles prejuicios los cercan inevitablemente y no alcanzan a ver la realidad.

1.- Desde 1991, con la desaparición de la URSS, todos han vaticinado la caída del régimen castrista, un mero satélite soviético. Todos apostaron irresponsablemente al doble bloqueo, sin importarles los costos humanos y sociales que implicaba. Los economistas sentenciaron: es culpa de los cubanos, que dependen 85 por ciento del comercio con el campo socialista (¿dirán lo mismo hoy de México y Estados Unidos?). Pues el régimen no cayó. Demostró en medio de la mayor arbitrariedad (la aplicación de leyes extraterritoriales) y brutalidad que no sólo no era satélite, sino en plena crisis mantuvo la educación, la salud, el empleo y la integridad de sus instituciones, como el Poder Popular, a diferencia de los gobiernos capitalistas.

2.- Es una dictadura. En México se ha afianzado entre investigadores-opinadores que Benito Juárez fue un dictador, mientras Porfirio Díaz el motor del desarrollo contemporáneo. Con estas concepciones miran también a Cuba. Soslayan las guerras sucias de ayer y de hoy, los desaparecidos de ayer y de hoy, perfectamente documentados en el mundo. No hay democracia, dicen. No se toman la molestia de investigar el sistema electoral, que descansa en candidaturas ciudadanas, nominadas directamente por los cubanos en cada cuadra. Una doble vuelta electoral para que los representantes del Poder Popular sean elegidos con mayoría de votos. Una Asamblea Nacional que designa al Consejo de Estado, no sólo al primer ministro, como en Europa. Representantes que tienen la obligación de rendir cuentas y pueden ser destituidos. Sin partidos corruptos que saquean el presupuesto, tampoco hay un movimiento Black Lives Matter ni grupos de madres buscando a sus hijos.

3.- No hay libertad de expresión. Cualquiera que viaje a Cuba verá que el cubano critica todo en todas partes, debate en la guagua, opina en las esquinas. Seguramente por eso mismo la inteligencia estadunidense pensó que podría instigar una disidencia activa, pero fracasó. Los cubanos critican, pero al mismo tiempo se movilizan masivamente en defensa de la revolución, que les garantiza sus derechos. Paradoja: dicen que no hay libertad de prensa, y no hay pueblo latinoamericano tan informado y documentado.

4.- Castro impulsó solamente las guerrillas y la acción armada. En 1963, Fidel apoyó a Cheddi Jagan, electo primer ministro en Guyana y sometido a un violento proceso de desestabilización. Lo mismo con Juan Bosch, derrocado mediante una intervención norteamericana; Michael Manley, en Jamaica; Arosamena Monroy, en Ecuador; Joao Goulart, en Brasil. Por supuesto, Salvador Allende y los gobiernos progresistas, antineoliberales contemporáneos. Sólo los que piensan como Reagan pueden sostener que es un Estado terrorista.

5.- La revolución fracasó. Sólo hay jineteras y traficantes, repitieron en la prensa. Prostitución hay en las lujosas vitrinas de Ámsterdam, en Washington, etcétera. Nuestras sexoservidoras se organizan desesperadas demandando acceso a la salud. En Cuba también hay, pero lo que sí no hay es trata de mujeres y niños, miles de feminicidios impunes, fosas comunes por todos lados, picaderos de drogas, corrupción sin límites, como en nuestro capitalismo pujante. Lo que sí hay es una mortalidad infantil cuatro veces menor que en México, el primer lugar en la prueba LLCE para Latinoamérica de la Unesco para estudiantes de educación básica, el reconocimiento de la OMS al país que mayor apoyo envió (760 médicos) contra el ébola. Hay 40 mil investigadores y medicamentos nuevos, como el Eberprot; vacuna contra el cáncer de pulmón, sobresalientes deportistas, y la Escuela Latinoamericana de Medicina, que ha graduado a cerca de 30 mil estudiantes.

6.- No ha habido ningún cambio. Gabriel García Márquez afirmó que el mayor crítico de la revolución era el propio Fidel. En el discurso del 26 de julio de 1970 están las críticas más incisivas y reales. A partir de esos y muchos otros planteamientos se han producido en Cuba sustanciales cambios. Los más conocidos son: en 1963, introducción del sistema de financiamiento presupuestario del Ché; en 70-75, el cálculo económico y el poder Popular; en 1985, proceso de rectificación; de 91 a 2000, el periodo especial introdujo cambios sustanciales; en 2000 se inició la batalla de las ideas y rediseño de las políticas económicas; en 2011 se aprobaron los nuevos lineamientos para el desarrollo. La definición anti-esquemática de revolución, acuñada por Fidel en 2000, señala precisamente que revolución es cambiar todo lo que hay que cambiar.

7.- Con Fidel se acaba el siglo XX, el de las revoluciones, dijo Hobsbawm. Un intento desesperado más por reeditar el fin de la historia fukuyamesco, el fin de la lucha de clases, el fin de la lucha anticapitalista. La mayor equivocación es creer que el legado de Fidel muere con él.

 

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