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Convencido estoy que 53 años como periodista no pueden ser obstáculos a la hora de aprender de lo que hacen muchos colegas jóvenes. Pueden llamarse Katia Siberia, con sus atinados reportajes sobre el comportamiento de los suministros agropecuarios al polo hotelero de Ciego de Ávila o con su entrevista al héroe Gerardo Hernández; o en televisión con Wilmer Rodríguez y su periodismo a «todo terreno», como lo calificó el propio jurado.

Por estos días cercanos al 14 de marzo —nacimiento del periódico Patria fundado por Martí— he perdido las pestañas leyendo decenas o quizá cientos de cuartillas, donde el periodismo se identifica con la realidad cubana de nuestros días. No hay edulcoraciones ni «compromisos» con funcionarios, que no sea el de hacer el periodismo que necesita el país, el verdadero.

Y no se trata de traspolar épocas ni hacer comparaciones. Cuando empecé y me desarrollé en estos menesteres, solo se escribía en máquina, no había computadoras y las nuevas tecnologías de hoy ni se asomaban a mi mente.
Eran tiempos de olor a plomo en las imprentas de cada uno de nuestros periódicos. Del cliché de zinc pasado por ácidos que convertía la foto en plancha que luego aparecía impresa en el papel.

Eran tiempos de cajistas, linotipistas y otros oficios que —en mi opinión— contribuían a hacer de cada colectivo de redactores y trabajadores del taller, una verdadera familia, que lamentablemente hoy el desarrollo de la comunicación, lejos de aglutinarla, la hace más distante.

Esa puede ser todavía una batalla por ganar y donde también los jóvenes periodistas deben convertirse en sus defensores. Formamos parte de un conjunto laboral de obreros, técnicos y otros. Solo así la academia, que tanto aporta al desarrollo de estos profesionales, se involucraría más con los hacedores de que lo que escribimos llegue al lector. Recordar que esos jóvenes de hoy fuimos los nosotros de hace algunas décadas y juntos tenemos que corregir cualquier rumbo, para construir juntos el proyecto que defendemos.

Otros ejemplos de lo que he leído en esta última edición del citado Jurado para determinar el Premio Juan Gualberto Gómez por la obra del año, pueden ser reportajes, crónicas, entrevistas y artículos que no solo sacan a la luz deficiencias y quistes como la burocracia, impregnados en nuestra sociedad como si tuviésemos la patente de los mismos; sino que propician el debate, abren las páginas a los que discrepan y de esa forma pueden proponer soluciones colectivas extraídas de lo mejor de cada tema abordado.

Son botones de muestra que nos dicen cuán importante es el aporte de los jóvenes periodistas, fundamentalmente en la prensa provincial, en el ejercicio de una profesión que, les confieso, no por difícil y luego hasta subestimada, deja de tener el encanto de la impronta social que nos aporta a quienes la hemos practicado con pasión y compromiso durante décadas y también a esos jóvenes que hoy nos enseñan que su paso por el periodismo no es ficción, sino realidad de que pueden y deben llevarlo adelante, perfeccionándolo y aportándole lo que luego lamentamos estar perdiendo, frescura.

Gracias jóvenes periodistas por brindarme sus reportajes y sus crónicas, por poder leerlas y por aprender de ustedes.

Todavía estoy a tiempo de hacerlo.

Recomendación: lean mucho a Martí, lean Patria, estudien al periodista Fidel Castro, que todavía estamos en combate y tenemos el compromiso de salir victoriosos.

 

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