Por Roque Vila

En un rincón de tu habitación hay un espacio vacío, vacío como la imagen que proyecta el espejo, la que siempre te dice lo que necesitas escuchar, eres joven, bonita y sobre todo vistes bien. Tu consejera Zara y tu mejor confidente Channel te invitan de lunes a lunes a salir acompañada de Michael Kors.

Victoria´s conoce todos los secretos de tu intimidad y vives como en capítulos de una producción de TeleVisa, no tienes tiempo para detenerte a pensar en lo que será, te basta con lo que es y lo que pudo haber sido.

Eres una enciclopedia andante de lo material, que provocaría la envidia de los redactores más experimentados de la revista Vogue, pero aunque estás en Preuniversitario, el maquillaje de tu cara te hace ver como una veterana de la Guerra del Golfo.

Las calificaciones van de mal en peor, pero no te importa, sigues el ejemplo de tu ultimo novio, copia al estilo Cristiano Ronaldo con keratina que dejó la escuela bien temprano y ahora no le alcanza el cuello para colgarse prendas. Para que estudiar, si miras a tu mamá que se esforzó para sacar una carrera y lo único de valor que tiene en el mundo eres tú.

Cuando te conocí me impresionó tu presencia arrolladora, pero cuando te pedí conversar, causaste en mi la más profunda soledad y desilusión al conocer la pobreza de tu espíritu aprisionado entre tanta tela.

Opté por seguirte en las redes sociales y me harté de ver selfies que enmarcaban un gesto que te hacía ver ridículamente como un pez fuera del agua, nada destacable que demostrara un pequeño indicio del verdadero ser que llevas dentro. La farándula te atrae y te hace sentir por encima de tu propia naturaleza, solo una fiesta eterna que te atrapa en su círculo vicioso de materialismo subliminal.

Vives en una enajenación constante con delirios de grandeza, prefieres ser Barbie que María Silvia y lo peor es que tu caso no es único, sino que se repite como producción en serie por muchos otros jóvenes en la Cuba actual.

Este fenómeno no te afecta solo a ti, se ha convertido en la aspiración de muchos, que por tratar de vivirla en su máxima expresión, han dejado a un lado las verdaderas prioridades de superación personal y construcción de futuro.

Mucho depende de la familia y la escuela poder contrarrestar los efectos ideológicos de la farándula, promoviendo una educación que se cimente sobre los valores de desarrollo plenos de la juventud.

No es malo divertirse, ni estar a la moda, lo negativo es poner tu existencia bajo la egida del mercantilismo y la industria cultural que desde las sombras manejan el mundo farandulero.

Mientras la imagen frente al espejo muestra solo telas y te hace sentir invisible, en un rincón de tu habitación, en el espacio que una vez estuvo vacío, ahora se encuentra colgado el título que te ganaste después de tantas noches de esfuerzo banal y fiestero, Licenciatura en Farándula, merecido premio a la levedad de tu ser, que espero este todavía a tiempo de tomar el camino correcto.

Anuncios