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Por: Ileana González/PostCuba

“La peor enfermedad, la más terrible, la más dramática que pudiera existir en el orden político, social  e   histórico   para   nuestra   patria,   es   que  un día esta Revolución  sea   destruida  por  los  mismos  revolucionarios. Contra   eso  hay  que  estar   inmunizado  al  ciento  por ciento. Lo  tiene  que garantizar el Partido,  y  su  dirección  es  fundamental. Tales seguridades hay que buscarlas siempre”.      Fidel

La ingenuidad o superficialidad al valorar fenómenos o personas, suele conducir a errores difíciles de enmendar, a veces, imposible de borrar sus consecuencias.

Acoto esto, porque los llamados centristas, con su aparente pragmatismo, suelen generar confusión, incluso, al menos en apariencia, en  algunos que  se supone, que por sus posiciones revolucionarias y preparación intelectual, no deberían equivocar.

Esta tendencia, necesita de máscaras para ocultar sus verdaderos propósitos, no debe esperarse de ellos nunca la sinceridad de una posición en que quiebren lanzas por la Revolución, siempre lo harán por oportunismo político, buscando su legitimación.

Convocarlos a luchar a nuestro lado es una ingenuidad política, que traería confusión en las filas revolucionarias, y les abriría espacios para insertarse dentro de ellas, propiciando la desunión e inhibiendo la respuesta contra sus traicioneras propuestas cuando comiencen a quitarse el disfraz.

Ser inclusivos, no significa implantar enemigos en nuestras trincheras, tampoco invocando el sacrosanto derecho a la “libertad de pensamiento”, darles espacios para que trasladen sus nocivos mensajes o hipócritamente se muestren como abanderados en la defensa de una Revolución, que en sus más íntimos sentimientos desean destruir.

El centrismo no es ambivalente, eso es falso, es el caballo de Troya del capitalismo, por eso necesita mostrarse “amigable”, para que lo dejemos entrar, ya dentro, será difícil de extirpar, son expertos en el camuflaje político y en la manipulación de situaciones, hechos históricos y conductas de personas, siempre describiéndolas de acuerdo a sus intereses.

No intento hacer un análisis teórico de esta tendencia, reflexiono sobre cuestiones prácticas de su comportamiento que no deben en mi opinión obviarse cuando veamos una mano centrista extendida en aparente coincidencia con nuestras posiciones.

Tampoco estoy negando la necesidad del conocimiento teórico de lo que representan estos apostatas, hay que estudiarlos a ellos y a los que los inventaron, al igual que a los golpes blandos y a las llamadas revoluciones de colores, en nuestro caso entre más “rosada” nos las quieran poner, más rojo intenso la pondremos nosotros. No hay espacio para reformistas, anexionistas, socialdemócratas, centristas u otro espécimen político, la Revolución cubana, es eso, cubana y Fidelista. Punto.

No debemos olvidar que a ellos la solidaridad les parece cara, el Che subversivo, publicarle a un terrorista normal, les aterra un lema revolucionario, desconocen el acoso exterior, aspiran a cargos políticos, rehúyen el sacrificio, utilizan con fines politiqueros sensibles temas humanos, atacan la institucionalidad del estado, han vendido sus plumas a espurios intereses, filtran nocividad en sus artículos, presentan como incierto el futuro de nuestro proyecto social,  o han hecho concesiones, entre otras ignominiosas acciones, sin mencionar los encuentros en apartados rincones con representantes de la más rancia derecha, donde sabemos han dicho, “Yes sir”, aunque lo nieguen.

Esta revolución socialista de los humildes, por los humildes y para los humildes, no necesita de la pluma o la lengua de ningún centrista para que la defienda, o publique en su nombre, sobran revolucionarios mil veces mejores que cualquiera de ellos, que pueden hacerlo con la dignidad, la honradez, la sinceridad, el compromiso y el talento que a estos politicos de pacotilla les falta.

Si alguien dejara de lado todos estos elementos y comulgara con ellos, no podría alegar ingenuidad o desconocimiento, son demasiado evidentes y públicos para ignorarlos. Para mi estaría conscientemente intentando abrirle las puertas al caballo de Troya.

Ni extremismo, ni dogmatismo, solo dignidad, parafraseando al Che:

Al centrismo ni un tantico así.

 

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