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Trump en la ONU

Trump en la ONU

Este martes el presidente norteamericano Donald Trump, al llegar a la sede de la ONU,  donde haría su primera intervención, declaró que pensaba dar un mensaje de “fortaleza y paz” en su discurso.

En verdad no sé qué entiende el mandatario por fortaleza y paz, pues  sus palabras fueron agresivas e irrespetuosas con Corea del Norte, Venezuela y Cuba; a no ser que para él fortaleza sea prepotencia, porque eso sí derrochó.

Trump habló de la tensa situación que se vive con Corea del Norte y alertó que no habrá otra opción que “destruirla totalmente” si el régimen de Pyongyang continúa amenazando a su país y a sus aliados.

Será que él no alcanza a comprender que un pueblo y un país no se pueden destruir así por así. Los riesgos y consecuencias de estas palabras o más que palabras, acción, serían catastróficas y pondrían en peligro a toda la humanidad.

El presidente estadounidense calificó a la situación de Venezuela, como inaceptable, y dijo que era deber de todos “retornar la democracia” a ese país.

Señaló que “no podemos quedarnos al margen y mirar. Como un vecino y amigo responsable, debemos tener una meta: recuperar la libertad, restaurar el país, retornar a la democracia”.

Agregó que Estados Unidos está listo para adoptar nuevas medidas si el presidente Nicolás Maduro “persiste en su camino para imponer un gobierno autoritario”.

Es importante que Trump sepa que los buenos vecinos y amigos responsables se respetan, no se inmiscuyen en los asuntos internos ni amenazan. A  Venezuela no hay que restituirle ninguna democracia, pues recientemente su pueblo, mediante el voto directo, dio muestra de una verdadera democracia  eligiendo a la Asamblea Constituyente, encargada de regir los destinos del país, pues entre sus funciones está la de redactar una nueva Constitución, y tiene  facultades plenipotenciarias por encima de los demás poderes públicos del Estado.

Me pregunto: ¿Quién le ha dicho a Trump que está facultado para “adoptar medidas” contra los gobiernos? ¿Será que aún no se dan cuenta –él y sus asesores- que son los pueblos los que eligen su destino?

Al referirse a Cuba, calificó al gobierno de “corrupto y desestabilizador” y reiteró que el bloqueo  –para  él embargo-  no se levantará hasta que se produzcan las reformas necesarias.

Sobre todas esas expresiones  desacertadas, Bruno Rodríguez Parrilla, ministro de relaciones Exteriores de Cuba dijo: “Ha sido un discurso insólito, agresivo, de dominación, descarnadamente imperialista. Me sorprendió la manipulación que hace del tema de la soberanía, que significa soberanía para los Estados Unidos, avasallamiento para todos los demás; ignora totalmente el concepto de igualdad soberana que inspira a las Naciones Unidas”.

Parece que el presidente Trump olvida que su gobierno “perdió el voto popular, que tiene, además, una popularidad bajísima entre los que pagan los impuestos en este país”.

Trump no tiene autoridad moral para criticar a Cuba, un país que el propio expresidente Obama reconoció que tenerlo bloqueado por más de 55 años no había surtido el efecto esperado, un país que brinda solidaridad a quienes la necesitan, bajo el principio de compartir lo que tiene y no lo que le sobra.   Un país con avances reconocidos en la biotecnología, un país que perfecciona su sistema económico y que avanza sin prisa.

“El gobierno de Cuba -dijo Rodríguez Parrilla- es de reconocida limpieza y transparencia, su pueblo noble y trabajador,  un país reconocido como un factor de estabilidad”.

¿Será que Trump no se quiere percatar de que está representando a un gobierno “responsable de la mayor parte de las guerras que ocurren hoy en el planeta y que es un factor de profunda inestabilidad mundial y de gravísimas amenazas a la paz y a la seguridad internacional”?.

Al menos en esta primera intervención en la ONU, Donald Trump no cumplió so objetivo expreso de transmitir un “mensaje de fortaleza y de paz”, al contrario, fue para la mayoría, de descrédito y desaliento.

 

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