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Palma Soriano.- Desde hace siete años a Enriqueta Bravo Naranjo el destino le cambió completamente las expectativas de vida. Su única hija Grethel Martínez Bravo quien hace poco cumpliera 13 años comenzó a padecer de una enfermedad que la dejó atada a una silla de ruedas.

Con el empuje de su corazón y como luchadora natural que siempre ha sido, Enriqueta de 46 años y antigua trabajadora de la Empresa Provincial de recursos Hidráulicos “Aguas Turquino”, ha salido adelante en esta prueba tan difícil.

Sola, no lo ha logrado porque ha contado con el apoyo de quienes le rodean: familiares, amistades, compañeros de labor y sobre todo, sus vecinos de calle segunda en una populosa área del reparto La Cuba.

Esta mujer no sabe cuanto tiempo más tendrá que esperar que su pequeña Grethel Martínez Bravo, ya adolescente, vuelva a ser como antes. Pero, se recupere o no del síndrome Guillent Barret ó la neuropatía severa que le aqueja a su hija, siempre estará a su lado cuidándola y alimentándola con esa fe que toda madre lleva por dentro, fe que ha transmitido a Grethel quien a pesar de sus padecimientos dolorosos y prolongados tratamientos es optimista y se aferra a la idea que un día no lejano, volverá a correr y sus manos y brazos volverán a ser los diestros como cuando niña.

Por eso, sus labios siempre dibujan una sonrisa, aunque el corazón se le apriete y su boca pueda solo balbucear algunas palabras. Corazón y fe no le faltan a madre e hija para que la vida vuelva a ser como antes.