Contra el novedosísimo profesado en algunos marsupios academicistas, hay que repetir que las fake news, y su placenta la «pos-verdad», nada tienen de «nuevas» en la añeja historia de engañar a los pueblos con premeditación, alevosía y ventaja. Y hay que repetirlo mil veces, no sea que algunos ya acaricien la idea de recibir premios por «hallazgos científicos», equivalentes a cambiarle de nombre al mismo verdugo ideológico que habita en las entrañas del capitalismo. Aunque los sabihondos publiquen libros, papers o artículos muy laureados entre ellos mismos.
En nada se ha empeñado más la ideología dominante (falsa consciencia), que en esconder la lucha de clases; en hacer invisible el hurto del opresor sobre el producto del trabajo y sobre las riquezas naturales. Esconder, cueste lo que cueste, las miles de trampas, crímenes y torturas pergeñadas para que los trabajadores –y nuestra prole– jamás nos percatemos de la emboscada en que vivimos, generación tras generación.
Y, todo eso, salseado con retahílas de valores «éticos» y «morales» (jueces, iglesias, preceptores y gurúes) para defender la «propiedad privada» de los amos y su «derecho supremo» a mantener, bajo sus botas, el pescuezo y el cerebro de los oprimidos. Con toda la tecnología imaginable en sus manos, con todo género de modelos narrativos de masas… desde el confesionario hasta el fútbol. La verdadera historia de un sistema de explotación ocultada con falsedades.
Sigue leyendo →