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rasvergPor Carlos Luque Zayas Bazán

“Prodigiosamente fidedignas resultan ciertas frases de Rutilio en los trabajos de Persiles y Segismunda, acerca de hombres transformados en lobos, porque en tiempos de Cervantes se creía en gentes aquejadas de manía lupina.”

Alejo Carpentier. Prólogo de El reino de este mundo.

Quizás los lectores de este blog ya conozcan la opinión que le merece al periodista Fernando Ravsberg el análisis crítico del ejercicio de su profesión con respecto a temas cubanos. Como bien se dice que el diablo está en los detalles, de entrada hay que precisar uno muy significativo: el periodista no se refiere a los análisis, pues de los contenidos de esos trabajos nada opina ahora, como tampoco ha opinado antes, sino de sus autores, sus personas y de su condición ética: para él son miembros de una jauría de ciberguerreros, sólo sedientos de empañar su figura, acosarlo hasta darle caza, provocar el cierre de su blog, o la expulsión del país. O ambas.

No habría mejor método para demostrar su tesis licantrópica, que se disparara ahora en el pie con esa reacción de la misma ferocidad que atribuye a otros: simplemente tendría que demostrar que los argumentos de los trabajos que se refieren a algunos de los suyos están equivocados, o mienten, o tergiversan. Sería la única manera válida para probar un injusto ensañamiento. Pero ahora el periodista sigue renunciando a ello, y en su lugar construye un parteaguas (ah!, el viejo expediente de dividir), entre los buenos cubanos, a los que pide disculpas, y los malos miembros de la sanguinaria manada.

Y es que una vez dispuesto a responder a las críticas, pudo aprovechar esa no muy habitual deferencia suya de responder, para entrar en un debate de ideas – de las ideas que ha expuesto en sus artículos, y, sobre todo, del modo de hacer un periodismo que califica como el de una óptica nueva, pero confrontando con respecto de los análisis que se han hecho de ellos y no con las personas que lo suscriben. En cambio, es de lamentar que haya perdido la oportunidad de probar definitivamente a los que se alarman de esa “persecución”, y no dar un resonante ejemplo de lo mismo que dice de otros, pero que no han hecho nunca sus adversarios de ideas, es decir, calificar agresivamente a sus contradictores con una fuerte y agresiva metáfora. Y no en el campo de los conceptos, sino de los argumentos ad hominen. Aquellos que con toda honestidad han roto lanzas contra el “acoso personal” al periodista, ahora se verán precisados a callar, avergonzados de la actitud de su defendido. O de lo contrario, quizás se animen a quebrar una mejor arma en su defensa: entrar de una vez por todas en el campo de las ideas, en palabras del mismo autor: “participar en una batalla de ideas, donde se combate con argumentos y propuestas.”

Pero aquí el Sr. Ravsberg no da ejemplo de ello, de argumentos. ¿Dónde están los argumentos y las ideas de parte del Sr. Ravsberg con respecto a los contenidos de los textos de la tropa furibunda que le quita el sueño?

Aunque no menciona ni una cosa ni la otra, es decir, aunque nunca se pronuncia con respecto de las ideas y argumentos que se le oponen, está muy claro que la tropa de ciberguerreros a que alude publica principalmente, pero no sólo, en La Pupila Insomne. Las teorías conspirativas excitan mucho a la imaginación humana. Este comentarista se ve obligado a precisar, como presunto miembro de la camada, por ejemplo, que ha escrito sobre el periodismo del Sr. Ravsberg, y cuando lo considere necesario y útil lo seguirá haciendo, pero no conoce personalmente al administrador deLa Pupila, aunque se lo propone. Tampoco tiene alguna animadversión personal contra el periodista, al que no conoce ni se lo propone. Ni, lamentablemente, tampoco conoce a ninguno de los otros autores del Club ciberguerrero, aunque quisiera tener el honor de conocerlos. No media entre nosotros, es decir, esos a los que se refiere el periodista, pero sin nombrarlos, ningún acuerdo previo que no dimane de cierta coincidencia en principios e ideas, y la común valoración del periodismo a que nos referimos. Este comentarista es, digamos, un lobo solitario, para hacer honor a la licantropía, y ya leía algunos textos del autor de Cartas desde Cuba, desde mucho antes de enviar uno propio a La Pupila, porque estaba convencido de la necesidad de entrar en debate con ese periodismo. Pero, ¿son los articulistas deLa Pupila los únicos miembros de la jauría, o al menos, del “Club de Fans”?

Ya en artículo anterior me vi obligado a relacionar los enlaces de la diversidad de generaciones que se han visto en la necesidad de dirigir sus observaciones al Sr. Ravsberg. Lo repito ahora, no sólo para ilustrar esa diversidad, sino para que el lector, reactualizado, juzgue por sí mismo si el Sr. Ravsberg ha fundamentado algo con respecto al contenido de esos trabajos. Pido comprensión y disculpas por la auto cita:

“Como se ha dicho que los cuestionamientos a la honestidad crítica en el ejercicio de la profesión del referido corresponsal solo proceden de una generación y sector, o peor todavía, que obedecen a un ataque personal de quienes no desean discutir los problemas de nuestra prensa, recojo a continuación enlaces a textos que -además de los citados en este artículo y sin incluir los de Iroel Sánchez ni los míos- lo han cuestionado con nombre y apellidos, todos publicados antes del debate actual. Sus autores pertenecen a sectores y generaciones diferentes y más de uno ha realizado críticas al trabajo de los medios de comunicación cubanos. De los autores de más de un texto sobre el tema, como ocurre en  varios casos, solo he enlazado el primero.

Rafael Hernández, académico cubano, director de la revista Temas

Enrique Ubieta, filósofo cubano, director de la revista Cuba Socialista

José Varela, caricaturista cubano, residente en Miami

Arnaldo Mirabal, periodista cubano

Emilio Ichikawa, filósofo y bloguero cubano, residente en Miami

Justo Cruz, cubano dirigente del partido Die Linke, residente en Alemania

Teresa Orosa Fraíz, Presidenta Cátedra del Adulto Mayor, Facultad de Psicología, Universidad de La Habana

Yoerky Sánchez, periodista cubano

Elier Ramírez, historiador cubano

Yosvani Montano, estudiante universitario cubano.

No obstante esta relación, me atrevo a suponer que no todos estos autores, ojalá ninguno, están incluidos en el exabrupto agresivo del Sr. Rasberg. Aunque a Rafael Hernández lo calificara de “Torquemada stalinista”, sería insólito que incluyera a un riguroso intelectual de su calibre en la camada de los ciberguerreros. Ni a Darío Machado Rodríguez, de quien expuso en sus Cartas una síntesis de un texto, tan notoriamente tendencioso y manipulado, una “síntesis” arbitraria que, después de su explicación al reclamo, Darío Machado se vio obligado a publicar una contrarréplica tituladaUna explicación de Fernando Ravsberg que nada explica.Quizás haya alguna probabilidad – nadie sabe – de que tampoco incluya a Arnold August, quien en La Delegada Electa y el Disidente en las Elecciones Municipales en Cuba (http://www.globalresearch.ca/la-delegada-electa-y-el-disidente-en-las-elecciones-municipales-en-cuba/19270), desmonta con sólidos argumentos la manipulación que hizo entonces el Sr. Rasberg del tema que indica el título. Ni tampoco a Fidel Castro, quien denunció la manipulación noticiosa que hizo del tema de la Revolución Energética, y así, la lista es algo más extensa.

Finalmente, los trabajos críticos de Iroel Sánchez abundan en argumentos y datos, como en ¿Quiénes son nuestros compañeros? (Parte I y II).

En fin, en todos esos trabajos se examinan ideas, se exponen datos, valoraciones argumentadas, que el periodista Ravsberg, fiel a la profesión de fe que cierra su diatriba, haría bien en cumplir: una batalla de ideas con argumentos. Y no un lastimoso intento de ofensa, que por cierto, a nadie puede ofender. Al contrario, en ninguno de estos trabajos he leído una agresión personal contra el Sr. Ravsberg, nunca una calificación de tan fuerte irrespeto hacia el ejercicio del criterio. Las ideas y el estilo, cuando se es coherente, están fundidas con el hombre, pero examinar o criticar las ideas o un estilo de hacer, no implica falta de respeto personal, al no ser en aquellos casos en que la persona no es capaz de argumentar, y entonces, en muy socorrido proceder, pasa a considerarlo una campaña persecutoria, que es lo único a que atina el periodista. Exhortamos al Sr. Ravsberg a que fundamente que es objeto del acoso de una jauría, pero si tiene un modo mejor de demostrarlo: analizar y refutar los argumentos que se le oponen en algunos de los trabajos citados. Sólo en uno. Puede escoger. Si su texto es sólo pasto que lanza a los eventuales seguidores que no ejercen el ejercicio de la crítica, sino el bombo mutuo eufórico, pues no hay nada que esperar. Sin embargo, lo esperamos…

Tomado de La Pupila Insomne

 

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